“Tenemos la misma edad y competimos en todo: quién está más gordo, quién es más guapo...”

“Tenemos la misma edad y competimos en todo: quién está más gordo, quién es más guapo...”

Almas gemelas

Ambos han sido pareja creativa durante más de treinta años, tan expresiva como esteta, acaba de firmar el libro ‘Almodóvar Art’. Hablamos con ellos

La creación de un mundo propio y genuino, de un código estético convertido en estilo, sello, piel y adjetivo. Eso es lo que ha logrado la dupla Pedro Almodóvar -Juan Gatti (sin lugar a duda dos de las mejores conversaciones de Madrid), que ahora firman un libro monumental: Almodóvar Art , editado por Rizzoli. Ir pasando una a una sus 688 páginas se convierte en una exploración fascinante del universo almodovariano, así como la constatación de que la estética es como mínimo otro personaje de sus historias, a menudo revelador.

La iniciativa surgió de la voluntad del director artístico Juan Gatti por reunir la infinidad de marcos visuales que integran las historias de Almodóvar, desde la obra de los pintores que aparecen en sus películas (Warhol, Maruja Mallo, Richard Serra o Sigfrido Martín Begué) hasta la colección de muebles, porcelanas, fotos, wallpapers … Todos estos elementos ejercen de hilo visual que va tejiendo esa cosmología tan particular.

Su gráfica es contundente, tan solo precisa de tres familias tipográficas: futura, compact y bodoni. Colores planos y una retícula sobre la cual se equilibran los volúmenes. La suma es una abstracción de la historia, del género y del punto de vista: un trallazo visual e identitario que logra que un cartel de Almodóvar sea inmediatamente reconocible. “A lo largo de 22 películas Juan Gatti y yo nos hemos dejado influir por todo aquello que nos gusta o nos hace gracia”, afirma el cineasta en el libro y admite que el pop ha marcado su vida.

Pedro Almodóvar y Juan Gatti se conocieron en la movida; Alaska oficiaba de comendadora en plena ebullición urbana… “Al principio, Pedro hacía unos cortos muy divertidos y, como no tenían sonido, él se ponía a hacer las voces. Empecé a hacer la gráfica de Matador (1986). Y después vino Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), que fue increíble y salió hasta en Variety . Lástima que no hay un Oscar para las secuencias del principio porque habría que dárselo”, afirma el director artístico.

Conversamos en el estudio de Gatti, el único inmueble que no se ha convertido en tienda, spa o restaurante vip en un pintoresco pasaje de Madrid. Se ve maderas de palo santo, mesas de delineantes y toneladas de libros en un loft de tres pisos, donde uno de sus diseñadores tendrá que marcar a mano miles de líneas doradas sobre la impresión de una especie de mandala floral. Es un encargo para los hoteles Faena. Gatti siempre viste igual, esnobismo obliga: los pantalones de John Smedley que compra en Burlington Arcade; polos Lacoste o Fred Perry en verano y jerseys de cachemira en invierno, “son maravillosos, aunque teniendo perro se te enganchan por todas partes. Están todos remendados”.

Premio Nacional de Diseño en el 2004, a Juan Gatti se considera un hombre fuerte, con un carácter esculpido y un punto de perversidad. Afirma que sus relaciones más intensas han sido y son con mujeres, a las que no llega a idolatrar, pero casi. Ha trabajado con los grandes del arte en la moda. Amigo de Anna Piaggi (“todos somos aprendices suyos”), fotografiado por Peter Lindbergh, colaboró con Sybilla, Loewe o Karl Lagerfeld para Chloé, y durante dos años fue el director de arte de Vogue Italia , con Franca Sozzani al mando. Llueven anécdotas sobre aquel debut.

“Era el 15 de agosto, para preparar el número de septiembre. Milán parecía una obra de De Chirico, y me encontré en una ciudad completamente vacía. Y además está esa cosa de Milán: la diferencia en el color gris del cielo; pasa de gris oscuro a gris claro. Yo era Gary Cooper en Solo ante el peligro , y el equipo quería matarme”. Una de sus apuestas, junto con la editorial, fue la de mantener a la misma modelo en portada durante un año: Linda Evangelista. Cuando Anna Wintour lo recibió para ofrecerle la dirección de arte de Vogue US le preguntó cuál era su revista preferida. ” National Geographic ”, respondió Gatti, que tuvo que declinar la oferta porque se le exigía exclusividad. Hoy colabora con la Fundación Alaia, entre otros clientes exquisitos.

“Yo siempre digo que los mejores carteles son los que logran una imagen icónica, como si fuera una señal de tráfico. Son muy gráficos: el zapato, el redondel con el chico… Se trata de crear iconos y no contar demasiado. Detesto esos carteles de películas en los que están los actores en el centro, los aviones que despegan, los osos que se agarran y no sé qué más. A mí me gusta crear algo que simbolice todo eso, pero que llegue a una abstracción. Por eso, no me gusta mucho —aunque a veces lo hago por cuestiones de contrato— usar fotos de los artistas en los carteles”.

La abstracción, a pesar de que aflore lo figurativo, le permite un resumen simbólico.

Exactamente. Lo único que tienes que transmitir en un cartel, para atraer al público, es el género: si es comedia, si es drama.

Pero lo curioso en las películas de Almodóvar es que los géneros se cruzan todo el rato.

También en los carteles pasa eso. Hay imágenes como serias, pero luego, al fondo... Por ejemplo, en Volver (2006) el primer golpe es muy festivo: las flores, todo eso. Pero cuando ves la expresión de Penélope sabes que ahí pasa algo. En este caso todos los créditos y el cartel están sacados de los estampados de las batas y trajes que aparecen en la película.

¿Se siente español, argentino, del mundo…?

Argentino.

¿Le gusta la argentinidad?

Me gusta la argentinidad. Me gusta Borges, me gusta el psicoanálisis, me gusta la ironía. Y es lo que más echo de menos.

Hemos vivido las mismas épocas, del mismo modo y desde el mismo lugar y con una apreciación parecida”

¿Cuál es el modus operandi entre Almodóvar y usted?

Lo primero es que me manda el guion y hablamos un poco. Lo que ocurre es que Pedro, antes de empezar a rodar, tiene como cinco películas en la cabeza. Nunca sabes por cuál se va a decidir. Ahora ya lo sé, pero antes yo pensaba en cinco carteles y esperaba a que se decidiera.

¿Le contaba el guion de las cinco películas?

Siempre nos encontramos una película. Íbamos por la calle y vimos un cartel que decía “Doña Sangre”, y nos decíamos “pero qué buen nombre”, y él ya pensaba en hacer la historia de Doña Sangre. Otra noche, a la vuelta de casa, nos topamos con un edificio que se llamaba La Equitativa, la compañía de seguros. Y de ahí le salió otra película, con un personaje que se llamaba La Equitativa. Ir paseando con él es estar viendo cosas continuamente.

¿Antes salían más a cenar?

Sí, nos reuníamos más. Ahora somos mayores y salimos menos.

Ustedes han sido una pareja creativa de más de 30 años, pero también han tenido momentos de alejamiento.

Sí. Es que es raro. Esto no sé si te lo cuento… Mi relación con Pedro es distinta. Hay mucha gente que es lo que es por haber trabajado con Pedro. En cambio, cuando empecé a trabajar con él, yo ya tenía una carrera. Entonces, en nuestra relación siempre hay un punto de respeto y de competencia. Una mezcla.

¿En qué compiten?

En todo. Siempre hay algo: quién está más gordo, quién está más guapo, que si la camisa es de Prada… Siempre hay algo. Además, somos exactamente de la misma edad.

¿Han trabajado los dos en el libro?

Sí, está organizado por películas, y a parte está la introducción. Pedro trabajó mucho con las imágenes: nos ayudaba a buscarlas, siempre lo consultábamos. Nos facilitó contactos para conseguir las autorizaciones de los pintores. Colaboró mucho.

Con Almodóvar comparte esa lengua afilada.

Sí.

Todo lo que me gusta de mí mismo es lo que me gusta de él”

¿Qué es lo que más le gusta de él?

El talento. Que es muy persistente, muy cabeza dura. Todo lo que me gusta de mí mismo es lo que me gusta de él.

¿ Cabeza dura ha dicho?

Sí, mucha tenacidad en lo pequeño y en lo grande. Puede ser desde un cenicero hasta un contrato.

¿Y qué siente al formar parte de la familia de El Deseo?

Soy como un pariente lejano (risas).

El eco de Hitchcock y Saul Bass

Pedro Almodóvar responde por correo electrónico desde El Deseo y rubrica la relación de complicidad con Gatti.

“Hemos vivido las mismas épocas, del mismo modo y desde el mismo lugar y con una apreciación parecida. Vivimos intensamente los años ochenta madrileños y, cuando digo madrileños, me refiero también a todos los movimientos culturales que nos influían: la new wave inglesa, el punk y la cultura underground (musical, estética, cinematográfica, con sus estrellas correspondientes). Pero los dos ya éramos jóvenes, muy jóvenes en los años setenta, una década clave para el diseño gráfico, la moda y el cine. Y en los carteles también se ve esa influencia que venía directamente de los años sesenta: el pop. Gatti ha estado influido tanto por el pop de los sesenta como el de los ochenta, y los dos digerimos ambas influencias con la misma fascinación y el mismo sentido del humor.”

En Wikipedia los comparan con Alfred Hitchcock y Saul Bass. ¿Lo cree así?

Es una comparación tan halagüeña como exagerada. Los dos hemos bebido mucho de ambos. Probablemente, tanto en el cine como en el diseño gráfico, ocupen el primer lugar en nuestro panteón. El listón del diseño de carteles cinematográficos ha bajado mucho en las últimas décadas. Empezando por el mercado americano. Es una pena porque el póster es lo primero que define una película. Seguimos dedicándole la misma atención y el mismo esfuerzo. Tenemos muchas más referencias. Para La mala educación fueron esenciales los carteles de las revistas musicales de El Molino, y las imágenes del fotógrafo que tenía un estudio en la Rambla y fotografiaba a boxeadores y vicetiples. Siempre hemos bebido de la alta y la baja cultura, el eclecticismo y la variedad, sin complejos. Gatti también tiene debilidad por la cartelería polaca comunista, que yo le prohíbo siempre que me la propone. Mi debilidad, sin embargo, es el diseñador valenciano exiliado en México, Josep Renau. Naturalmente se exilió por motivos políticos, que era el tipo de diseño en el que estaba especializado. Pero llegó a México en los años cincuenta en plena época del cine de Las Rumberas, grandes melodramas con música y canciones, bastante vicio y un machismo desalmado. Muchas de esas películas estaban interpretadas por María Félix, Dolores del Río y Ninón Sevilla, y Renau hizo verdaderas joyas para las películas mexicanas.

¿Cuál es su cartel preferido?

Difícil pregunta porque hay muchos que me gustan. En primer lugar, afortunadamente, es el de Mujeres al borde de un ataque de nervios , que parecía una portada del Vogue . Era nuestra primera colaboración. Desde el cartel ya proyectábamos la imagen de que la película versaría sobre el universo femenino. También me gusta la rotundidad y contundencia de Tacones lejanos . Pero me gustan muchos.

¿Qué siente al ver recopilado su propio mundo?

Uf, alegría y la sensación de no habernos equivocado. Echando la vista atrás con cada uno de los carteles, muebles y objetos que han ido apareciendo a lo largo de mis 24 películas, creo que con todo el esfuerzo que nos costó, mereció la pena. Una sensación muy grata.

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