
Sergi Bruguera se abrió al golf hace tres años para compartir más tiempo junto a Lluís, su padre, que le llevó a la cumbre del tenis
Sergi Bruguera (55) y Lluís (77), su padre, se llaman cualquier día de la semana.
Se llaman al caer la noche o a primera hora de la mañana y se citan en un campo de golf.
Y así abren el día: llegan con el juego de palos y las bolas, se encuentran en la cafetería del lugar, desayunan juntos, tortilla, pan con tomate, café, mientras conversan sobre la vida, y luego se aúpan al carrito de golf y salen al campo.
Pasan juntos cuatro horas, o cinco, las que necesiten hasta completar los 18 hoyos, y al final se marchan también juntos y, si hay tiempo, comen y siguen charlando de los niños, los nietos, las madres, el pasado, el presente, de lo que sea (Sergi tiene dos mellizos de 17 años).
El tiempo es oro y es suyo y nadie se lo va a arrebatar, y todo eso me cuentan mientras compartimos una mañana con ellos en La Roca Golf, donde nos hemos citado en este martes de principios de octubre.
(José Megía, compañero de La Vanguardia , me ha puesto sobre la pista de esta historia, y en la charla me acompañan Mané Espinosa, el fotógrafo, y Norman Garcia, el cámara).
(...)
Cuando Sergi Bruguera era un crío de cinco años –“y por eso no lo recuerdo”, me confiesa–, su padre le dio una raqueta y le enseñó a golpear pelotas, y con el tiempo ambos compusieron un binomio ejemplar, el binomio padre-hijo que llevó al hijo a la cumbre del tenis (dos títulos en Roland Garros en 1993 y 1994, número 3 del ránking ATP, plata olímpica en Atlanta’96) e hizo de este deporte punta de lanza en nuestro país.
¿Y luego?
Lo mismo, pero a otra escala: aparte de un apasionado del tenis, Lluís Bruguera ha sido un apasionado del golf, y con el golf se ha repetido la historia. Hace tres años, el padre le entregó un palo de golf a Sergi, le dio cuatro consignas y el hijo decidió que ahora, golf mediante, pasaría más horas junto a su padre.
Este otro episodio, Sergi Bruguera sí lo recuerda.
Y nos lo comparte:
–Mis padres (Lluís y Silvia, su madre) son unos locos del golf y me dije: ‘Bueno, pues voy a tener que ponerme a jugar a golf para pasar más tiempo con ellos ahora que no viajo’. Ocurrió hace tres años: era verano y empezamos a ir a tirar bolas con sus palos, me los dejaban, y luego tomábamos algo allí mismo.
Y ahora, Lluís añade el punto técnico:
–Cuando empezó, le pregunté: ‘¿Vas a golpear de derechas o de izquierdas?’. Y a él le daba igual. Y empezó y le pegaba de derechas y le pegaba bien, algo que es raro porque en el golf las primeras bolas ni se tocan. Pero de izquierdas también le pegaba bien. Supongo que la virtud le viene del tenis, de cuando daba el revés a dos manos.
–Y tras el primer verano, me regalaron unos palos de mi altura y con el fitting que me toca. Y a partir de ahí ya empecé con un profesor, y hasta hoy.
Cuando te haces mayor piensas en otras cosas: y entré en el golf para estar con mis padres”
Les pregunto:
–Y cuando están ustedes en la mesa, ¿hablan de tenis o de golf?
Contesta Sergi:
–Hombre, de golf, bastante. Soy nuevo en esto y cuando lo veo por la tele no tengo ni idea de muchas cosas de las que pasan. Y entonces le pregunto a mi padre, que lleva treinta años en esto: ‘Y esto, ¿por qué?’. Por ejemplo, descubrí la Ryder Cup el año pasado y no sabía muy bien como funcionaba, y él me lo explicó. Y hablamos de nuestros recorridos. ¿Y de tenis? Muy poco. Yo puedo mirar algún partido en especial, pero lo hago más como profesión, como analista, no como disfrute, para ver cómo hago que alguien juegue mejor... Si es para disfrutar, prefiero ver un partido de fútbol o de golf.
Le pregunto a Lluís:
–Si volvieran a empezar, ¿usted volvería a introducir a Sergi en el tenis?
–Me lo han preguntado muchas veces y nunca he pensado en Sergi como alguien al que tenía que ayudar para llegar a ser lo que ha sido. Él quería una cosa y yo intentaba facilitársela. Si volviera a nacer, volvería a hacer lo mismo. La primera vez que le vi jugando en el frontón, me dije: ‘Esto no debería ser así para mi hijo’. Así que le ofrecí jugar al tenis para que no estuviera solo.
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Y ya entrados en el calor de la conversación, que discurre con vistas al recorrido, el verde a nuestros pies, el Montseny de talón de fondo, introduzco el argumento que nos ha traído hasta este lugar:
–En abril perdí a mi padre. Tenía Parkinson. Los últimos años fueron complicados pero tuve la oportunidad de compartir cosas con él. Antes de que desarrollara el Parkinson, salíamos a caminar, incluso a correr. Entiendo que eso que hace Sergi es maravilloso.
(A principios de año, Lluís Bruguera superó un ictus).
Nunca he pensado en Sergi como alguien al que debía ayudar para ser lo que ha sido”
–¡Por eso me puse a jugar a golf! Cuando ya te haces mayor, piensas en otras cosas y entonces me dije: ‘Ostras, mi padre y mi madre se están haciendo mayores, igual duran veinte años más pero no lo sé’. Pueden tener de repente un problema en el codo o en la pierna, y verse ya más limitados. Y por eso decidí pasar mucho tiempo con ellos y sobre todo, mucho tiempo de calidad. Y nos picamos, competimos. Y eso está muy bien, no es solo ir a comer y pasar una buena tarde. Eso también lo hacemos, pero después de jugar al golf durante cuatro horas. Siempre he tenido una relación de amistad con mis padres. Les considero mis padres, pero también mis amigos.
–Y su madre, ¿desde cuándo juega?
Y Sergi responde:
–Mi padre se pasaba el día jugando y de repente empezó ella. Y le pregunté: ‘Pero, ¿qué te ha dado con el golf, mamá?’. Y me respondió: ‘Hijo mío, solo tengo dos opciones: puedo jugar al golf o puedo separarme de tu padre’.
Y ambos sonríen.
–Bueno, ¿vamos allá? –pregunta Lluís.
Y Sergi asiente y así se van, rumbo al hoyo 1. El día está templado, el sol nos alumbra desde el cielo limpio, todo está en paz.