Mélenchon y Le Pen sonríen, pueden capitalizar el estallido en las calles de Francia

Mélenchon y Le Pen sonríen, pueden capitalizar el estallido en las calles de Francia

El retorno de los chalecos amarillos

La izquierda radical y la extrema derecha pueden capitalizar, por razones opuestas, el estallido en la calle

Los últimos meses de mandato de Emmanuel Macron se le pueden hacer muy largos: descontento social, violencia en la calle, el Gobierno en la cuerda floja por la falta de consenso parlamentario sobre el presupuesto, prima de riesgo al alza debido a la deuda y presión de los mercados. La guinda sería la victoria de Marine Le Pen en las presidenciales del 2 de mayo del 2027, un escenario semejante -salvando las distancias- al que vivió Barack Obama cuando debió entregar la llave de la Casa Blanca a Donald Trump en el 2017. Esa pesadilla tan temida en el Elíseo podría hacerse realidad.

¿A quién benefician algaradas como la de ayer , con 1.200 detenidos y 150 policías heridos? En un primer análisis, a los extremos políticos, sin duda. Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa (LFI, izquierda radical) y candidato por cuarta vez a la presidencia de la República, sonreía cuando era entrevistado por una televisión mientras se manifestaba. “¡Jean-Luc, presidente!, ¡Jean Luc, presidente!”, gritaban sus partidarios. Y él acusó a las cadenas de televisión de información continua de exagerar los disturbios, de mostrar demasiadas imágenes de los desórdenes cuando, en realidad, la mayoría de marchas, según él, transcurrieron pacíficamente.

El líder de La Francia Insumisa acusa a las televisiones de exagerar el alcance de los disturbios

También sonreía, de buena mañana, el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, correligionario de Mélenchon y una figura emergente en su partido, entrevistado por la emisora France Info. LFI es, de largo, el partido preferido de los jóvenes y de los inmigrantes extracomunitarios de los suburbios. De manera sistemática esta formación política quita relevancia a los disturbios y criminaliza a la policía.

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La extrema derecha juega un juego parecido, pero en sentido contrario. Admite la legitimidad de protestar por el coste de la vida, pues el grueso de sus votantes es de clase media baja y sufren por el elevado precio de los combustibles, si bien atribuye la violencia a la estrategia de la extrema izquierda. “Las reivindicaciones sociales legítimas han sido de nuevo secuestradas por la extrema izquierda y los discursos de los diputados de Jean-Luc Mélenchon, que, legitimando la violencia, considerando el orden como una opresión y el desorden como un derecho, buscan precipitar el país en el caos”, escribió la candidata presidencial del Reagrupamiento Nacional en su cuenta de X.

La candidata al Elíseo de la extrema derecha juega con erigirse en garantía para restaurar la autoridad y el orden

Si las algaradas prosiguen -el fenómeno chalecos amarillos duró más de un año, con protestas todos los sábados, y solo se frenó al llegar la pandemia de covid-, tanto la extrema izquierda como la ultraderecha tratarán de sacar partido. Mélenchon dirá que su programa de cambios radicales en el sistema económico y social es más urgente que nunca, que hace falta una fiscalidad mucho más alta para los “superricos” y quizás eliminar de un plumazo parte de la deuda para poder gastar mucho más en el ámbito social. Le Pen sostendrá, por su parte, que solo ella será capaz de restaurar la autoridad que el país necesita desde hace tantos años y de imponer el orden, un mensaje que puede calar entre votantes de derecha aún dudosos de dar el paso de votarla en la segunda vuelta.

Los disturbios de ayer son parecidos a los de las peores jornadas de los chalecos amarillos y guardan un paralelismo con los habidos después de la muerte de Nahel Merzouk, un adolescente de 17 años, por disparos de la policía, en Nanterre, un suburbio de París, en verano del 2023. También entonces hubo muchas acciones de pillaje y ataques a edificios públicos.

Los líderes centristas que fueron primeros ministros de Macron están atrapados entre los extremos

El efecto acumulativo de todos estos hechos alimenta tanto los discursos de Mélenchon como de Le Pen, quienes no en vano encabezan los sondeos de la primera vuelta de las presidenciales. Los líderes políticos moderados y asociados a la era Macron, como los exprimeros ministros Édouard Philippe y Gabriel Attal, que aspiran al Elíseo, están atrapados entre los extremos y su discurso es poco creíble para mucha gente.

Cuando la crisis de los chalecos amarillos, hubo concesiones que costaron dinero, y Macron, aunque debilitado, propició un gran diálogo nacional. Hoy el margen de maniobra financiero es casi nulo y un jefe de Estado crepuscular e impopular carece por completo de autoridad para calmar los ánimos. De aquí, también, la sonrisa de los extremos.

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