Francia, como síntoma

Francia, como síntoma

Arde París... Y Lyon, Marsella, Lille o Grenoble y otras muchas capitales francesas donde se registraron ayer unas 500 acciones de protesta contra el Gobierno francés. Estudiantes, funcionarios, personal sanitario, agricultores y unos renacidos chalecos amarillos hicieron patente su protesta una semana antes de que se discuta el nuevo presupuesto francés. Cada sector tiene distintos motivos para manifestarse, pero en el malestar general confluyen varios puntos: la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos, el deterioro de los servicios públicos, los bajos salarios y la falta de vivienda.

¿Les suenan? Son los mismos problemas que existen en España y que generan una insatisfacción permanente de la población. De momento aquí no se han traducido en una respuesta en las calles, como ha sucedido en Francia, pero vale la pena seguir muy de cerca todo lo que acontece en el país vecino. Protestas similares se están dando en Bélgica o en Italia. Mientras tanto, los dirigentes europeos debaten si ampliar o no el próximo presupuesto financiero para los próximos siete años. Los llamados países frugales , liderados por Alemania, defienden un recorte, frente a otro bloque bautizado como los amigos de la cohesión, entre los que están España e Italia, que piden más dinero. Harían bien los capitostes europeos en escuchar la voz de estas protestas para frenar el creciente malestar ciudadano. Hay países como Francia, con un gran endeudamiento, que no puede responder a las demandas de sus ciudadanos porque el presupuesto ya no da más de sí.

Las manifestaciones en Francia han estado dirigidas por los partidos de izquierda que están en la oposición y han animado a los sindicatos. En España, en cambio, las fuerzas progresistas son las que hoy tienen el poder. No deja de ser llamativo que la primera gran movilización que se va a hacer en nuestro país –la huelga general del día 11 de noviembre– se produce ahora, en periodo preelectoral y cuando las encuestas pronostican una victoria del bloque de la derecha. Lo que sucede en Francia no nos debería dejar indiferentes.

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