
Crisis educativa
Los docentes aplauden la vuelta a las lecturas obligatorias en bachillerato pero piden tiempo para poder impartirlas adecuadamente
El Govern anunció la recuperación de las lecturas obligatorias en bachillerato con la idea de reforzar la educación literaria y garantizar un patrimonio cultural común. Desde el 2023, los alumnos no deben leer los mismos títulos.
Los docentes de lengua habían reclamado esta medida insistentemente. Ahora quieren que la reforma vaya más allá. Sin conocer aún los planes de Educació, avanzan que esperan reformas en la ESO, más horas de clase y apoyo en las aulas. Recuerdan que la escuela de antes no puede trasladarse a la de ahora. Los alumnos del siglo XXI no son los del XX . Ni las familias, ni los profesores. Las dinámicas sociales van a contracorriente de leer pausadamente.
M.ª Ángeles Pérez, profesora con casi 40 años de experiencia en aulas públicas, ya jubilada, explica que hace unos 25 años un alumno de 15 años tenía unas cinco horas de literatura a la semana. Aparte estaban las clases de lengua. Ahora, los estudiantes de esa edad reciben lengua y literatura juntas y a ello dedican tres horas en catalán y tres en castellano en la ESO y dos horas en bachillerato. “En aquellos tiempos ya se hablaba de la depreciación de la literatura, pero se confiaba en la ley del péndulo”, recuerda. Lo que llegó es, para ella, peor. “Se empieza la ESO con poca competencia lectora y poco vocabulario. En un párrafo no conocen tres palabras”.
Pasan de primaria a la ESO con poca competencia lectora y poco vocabulario, según los docentes
Los profesores en activo aquí consultados creen ver el péndulo moverse en sentido contrario. Quizá porque ahora la sociedad empieza a ver las orejas de la IA. “Las lecturas obligatorias nos dan esperanza de que algo está cambiando”, manifiesta Gemma Pellisa, profesora de Literatura Catalana en la UB.
Según los profesores, los alumnos llegan no solo con baja comprensión lectora de primaria sino también con menor autonomía para leer a solas. Y las familias no acompañan en esta tarea. El resultado es que cada vez cuesta más que el niño se sienta motivado para leer, encuentre un momento, se siente con un libro, mantenga la atención en sus páginas. Nada que no pase también con los adultos, que tampoco muestran deseos de leer o tiempo para leer. El libro ya no es un bien preciado. pero la diferencia entre unos y otros es que crecer entre pantallas afecta a la forma en que leen. Según el último informe PISA, los chicos de 15 años dejan de leer textos superiores a 400 palabras, poco más de una página de libro. Esta brevedad en la atención ha obligado a las escuelas a adaptarse. En la ESO no hay títulos obligatorios. Los institutos seleccionan. Pueden hacerlo sobre el listado de libros recomendados por el Departament d’Educació o escoger cualquier otro título. O nada. De hecho, un alumno podría atravesar esta etapa sin leer una sola obra entera, aunque, en general, se exigen seis libros, tres por lengua.
Pero en los últimos años, muchos centros han priorizado el objetivo del gusto por la lectura. “Lo importante es que lean, se dice, arrinconando la tradición literaria”, critica Pellisa, que reconoce la dificultad de dar clases a alumnos de diferente nivel.
Pocas horas para dar literatura y unos profesores inseguros relegan la materia al aprendizaje de lengua
La cultura literaria queda en la teoría y se ejemplifica con textos cortos entresacados de la obra literaria. No obstante, los dossieres, por muy buenos que sean, por mucho que recojan todos los géneros, corrientes, autores, no pueden sustituir la experiencia de leer un libro completo. Así piensa Pellisa. “ Terra baixa o Tirant lo Blanc dejan una huella indeleble e incomparable respecto a leer un fragmento”, apunta.
El problema de impartir literatura también está en la formación del profesorado. Ante la falta de filólogos, Educació abrió la posibilidad de contratar a graduados en periodismo, humanidades y profesionales del teatro. Para ejercer en un instituto deben tener, además, el máster en secundaria. Pellisa les da clases en la UB.
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“El pez se muerde la cola”, expresa la docente. “Si no han estudiado literatura, no se ven preparados para darla. Lo entiendo. ¡El último año que leyeron a Ramon Llull estos graduados ¡fue como alumnos de instituto!”, continúa. Esa inseguridad genera que la parte de literatura de la asignatura quede arrinconada por la lengua (ortografía, gramática, sintaxis). “Fácil de impartir y de evaluar”.
Las escuelas se han inclinado por promocionar la lectura con textos actuales frente a los clásicos
En 1.º y 2.º de la ESO se enseña los géneros narrativos. La literatura medieval empieza en 3.ª de ESO, que acaba con el siglo XVIII. 4.º cubre hasta la actualidad.
Paralelamente, en primaria y secundaria, los estudiantes deben leer el equivalente a media hora diaria (2,5 horas a la semana), pero no todos los centros siguen esta indicación. Y no está claro tampoco el criterio. La responsabilidad sobre este tiempo rota en algunas escuelas entre el profesorado. Y el profesor de Biología acaba dándoles textos de su materia.
“La lectura se cocina a fuego lento”, señala Marc Comadran, profesor en el instituto Josep Brugulat (Banyoles). Requiere detenerse, volver sobre un pasaje, conversar sobre lo que interpela, entender el contexto histórico y social, identificar qué ruptura supone respecto a la tradición anterior. “Para eso necesitamos horas”, asegura. Toparse con una metáfora en una poesía y descubrir el sentido que le dio el poeta. “Pero con el tiempo que tenemos y la diversidad de alumnos, lo fácil es dar la definición de la figura retórica y un par de ejemplos”.
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Verse obligados a profundizar en obras en bachillerato obliga a preparar a los alumnos en la ESO
Alba Judit Cuadras es otra esforzada profesora (de castellano) que defiende leer en voz alta en clase. “Compruebo que todos entienden el léxico, les pregunto qué les dice y lo analizamos juntos. Esto es lo que mejor funciona”.
Judit no es partidaria de que el profesor rebaje el nivel desconfiando de las capacidades de los alumnos. “En 1.º de ESO leemos cuentos de terror de Edgar Allan Poe, Roald Dahl o Bécquer. Son difíciles, pero yo les guío y les veo disfrutar”.
La obra tradicional es inabarcable. “Tienes que sacrificar”, asegura Judit. No cabe el Quijote , una obra universal. “Es largo y complejo; yo les doy unos capítulos para que lo conozcan”. Pasa también con Tirant lo Blanc , del que hay adaptaciones. También quedan damnificados los grandes autores extranjeros, incluidos los hispanoamericanos. “Estaría bien revalorizarlos, con la cantidad de estudiantes latinoamericanos que tenemos”, comenta Dunia Gras, profesora de Literatura en la UB.
“Apoyo el canon, pero sin renunciar a obras actuales de calidad que les sorprenden y les interpelan”, considera Guillem Lloret i Triola, docente en Poble Nou. Pone de ejemplo Canto jo i la muntanya balla (Irene Solà) o La pell freda (Albert Sánchez Piñol). Para este profesorn lo más importante es que aumente la exigencia en selectividad porque, ante este examen, los profesores preparan a fondo a los alumnos. “Para ello, las preguntas de las PAU no pueden ser de tipo test, como ahora, que parecen de trivial”. Un buen examen obliga también a preparar a los estudiantes los cursos anteriores para que tengan el nivel adecuado en bachillerato.
Recuperar horas en bachillerato
Los alumnos catalanes de bachillerato se encuentran entre los que menos clases de lengua y literatura reciben. Tienen dos horas en bachillerato. La tercera hora de esta etapa se perdió en una redistribución horaria del 2008 en la que se dijo que se compensaría con un cambio metodológico enfocado al uso práctico de la lengua. El fracaso escolar estaba de fondo y, además, había que hacer hueco a una nueva asignatura.
En las autonomías con una sola lengua se imparten 3 o 4 horas semanales. En el País Vasco, Galicia, Valencia se dan 3 por lengua. La plataforma Docents.CAT exige recuperar la hora perdida.
¿Qué obras se fijan en el canon?
a pregunta sobre el canon no es baladí. Existe un debate amplio tras la elección de las lecturas en las escuelas, desde primaria hasta bachillerato. En la educación obligatoria (de 6 a 16 años), la elección de las obras queda a criterio de los centros educativos, que cuentan con un listado de obras clásicas recomendadas por la administración.
En bachillerato, son obligadas dos lecturas por lengua y curso, aunque esta exigencia puede sortearse. El Departament d’Educació i FP está consultando al Institut d’Estudis Catalans (IES) las cuatro lecturas que serán comunes. “El resultado no complacerá a todo el mundo” anticipa Guillem Lloret i Triola, profesor en el instituto Joncar, de Barcelona. “Pero es importante asentar un imaginario compartido trabajando a fondo unas obras comunes”, señala.
Un canon para la educación responde a muchas preguntas, y no todos los modelos educativos dan las mismas respuestas. En los países europeos, en general, se garantiza que los alumnos lean textos completos sin que todos lean lo mismo. En Italia se lee al menos 25 cantos de la Divina Comedia .
En todo caso, el departament debe revisar muchas cuestiones. ¿Qué obras comunes debe haber leído una generación? ¿Tendrían que ser las mismas obras? ¿Deberían entrar solo clásicos ante la improbabilidad de que se lean fuera del aula? ¿Entran autores hispanoamericanos, con seis premios Nobel, o es preferible centrarse en los españoles? ¿Se mantendrá el equilibro entre épocas, géneros literarios así como entre autores y autoras? ¿Hay que descartar obras clásicas consagradas por su extensión, su dificultad lingüística o por su estructura narrativa como Tirant lo Blanc o el Quijote ?
Empezar por la comprensión lectora
La casa no puede empezarse por el tejado sino por los cimientos, y los cimientos de la educación literaria están en la comprensión lectora, bajo mínimos en Catalunya, a falta de saber los resultados de las competencias básicas del curso pasado y de la evaluación internacional PIRLS, pendientes de publicación. Y la comprensión empieza con la oralidad.
“Necesitamos reaccionar con urgencia al descalabro”, señala la doctora en lingüística Anna Llauradó, autora de Comprensió lectora: l’assignatura pendent. A pesar de la publicación de investigaciones científicas sobre cómo se aprende a leer en la educación infantil y primaria, no se aplica, lo que condena a muchos alumnos a una lectura deficiente. Eso no ocurre en otros sistemas educativos.
Para esta profesora, es lastimoso saber que existen instrumentos que miden con precisión cada momento del proceso del aprendizaje de lectura y no se ponen en marcha. Faltan, a su juicio, dos elementos importantes. Por una parte, una evaluación diagnóstica en todas las aulas, niño por niño.
En infantil, para diagnosticar dificultades con el lenguaje y la expresión. En 1.º y 2.º de primaria, para ver si la decodificación está bien asimilada. Y en 2.º y 3.º, evaluar la comprensión.
Según su opinión, los maestros tienen una “noción general” de lo que ocurre, pero no están formados científicamente. Esta es la segunda pata. ¿Cuándo y cómo introducir la consciencia fonológica y fonémica o el conocimiento alfabético? ¿Qué vocabulario debería tener un niño a cierta edad? “Se trata de incluir estándares curriculares claros, secuenciados, basados en las evidencias científicas, que especifiquen qué habilidades es necesario adquirir en cada momento
Preparándose para las PAU
Los profesores de lengua y literatura castellanas se han reunido con los coordinadores de las PAU de este año. Se les informó de que se han reducido ejercicios, ha aumentado el número de palabras en la redacción (de 150 a 200), pero que el examen, estiman los docentes, resulta más claro y coherente que los de años precedentes. Consideran, sin embargo, que se mantienen gran cantidad de contenidos poco esenciales. “Tienen poca probabilidad de que salgan, pero si justo ese no lo han estudiado, no lo sabrán”. Y hay una gran variabilidad de tipos de preguntas que pueden entrar (análisis, comentario, teoría, aplicaciones).