
Conflicto de Oriente Medio
La milicia chií agita la escena internacional con sus avances en Yemen y sus ataques a Arabia Saudí
Las chanclas polvorientas en los pies, el kaláshnikov desgastado al hombro y la boca atiborrada de hojas de khat, planta famosa por sus propiedades euforizantes.
Esta es la imagen que a menudo se ha asociado a los hutíes: la de unos guerrilleros desarrapados y toscos; fanáticos venidos de las montañas.
Pero el retrato no se ajusta del todo a la realidad.
Atrás han quedado los tiempos en los que los Partidarios de Dios – Ansar Alá en árabe, así se autodenominan los hutíes– constituían una pequeña facción chií aislada en el noroeste de Yemen. Hoy, el grupo insurgente es una potente fuerza militar capaz de agitar todo Oriente Medio y de poner en jaque a la comunidad internacional.
En las últimas semanas, la milicia ha conseguido importantes avances territoriales en su país mediante una contraofensiva relámpago que ha cogido al contrapié a las fuerzas progubernamentales, respaldadas por Riad. En estos momentos, uno de los principales focos de tensión está en el estrecho de Bab el Mandeb: si los hutíes consiguen controlar esta estratégica vía, el acceso al mar Rojo estará en peligro .
Al mismo tiempo, el grupo ha propinado una formidable serie de golpes a Arabia Saudí, dejando al descubierto las lagunas defensivas de uno de los países del mundo que más invierte en armamento. Refinerías, bases militares, aeropuertos… Ninguna infraestructura del reino está a salvo de los drones y misiles hutíes: ya son más de una setentena los ataques sufridos por la petromonarquía desde el pasado julio, cuando comenzaron las hostilidades.
“A los hutíes se los ha infravalorado, su evolución ha sido increíble”, dice a este diario Leyla Hamad Zahonero, investigadora asociada del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, quien recalca que detrás de estos guerrilleros en chanclas “hay tecnología y muchas capacidades”.
Surgido en los años noventa en torno al clérigo Husein al Huti, el grupo comenzó a acumular experiencia militar en los primeros dosmiles, en sus diversas campañas contra el gobierno autoritario de Ali Abdalá Salé, aunque su primer salto cualitativo llegó en el 2014, cuando logró conquistar la capital yemení, Saná –y de paso, hacerse con parte del arsenal del ejército nacional–. Aquel fue el inicio de la guerra civil que, tras una tregua acordada en el 2022, se acaba de reactivar . Un conflicto en el que los hutíes siempre se han mostrado más cohesionados que el bando progubernamental: a los rebeldes les une su soberanismo y su fe zaidí, rama chií minoritaria en un Yemen donde la mayoría de la población se declara suní.
En paralelo a ese aprendizaje bélico, los hutíes se han beneficiado de su estrecha relación con Irán. El régimen de los ayatolás lleva años proporcionando armas y entrenamiento a los insurgentes, en el marco de su estrategia para minar la influencia saudí en la región. Fruto de esa colaboración, el grupo también ha recibido el apoyo de Hizbullah, el aliado libanés de Teherán. Asimismo, hay constancia de intercambios con diversos grupos del Cuerno de África. Uno de ellos, Al Shabab, teórico enemigo ideológico por su afiliación a Al Qaeda.
Gracias a esta red de conexiones, los hutíes han conseguido desarrollar su propia industria bélica: desde hace un tiempo, fabrican en su territorio varios modelos de drones y misiles, combinando piezas de producción local con otras de origen extranjero. Muchos componentes llegan desde Irán de forma clandestina, eludiendo el embargo de armas impuesto por la ONU, mientras que otros son adquiridos en el mercado convencional.
Hace unos días, la organización británica Conflict Armament Research revelaba que los hutíes están intentando producir su propia versión del misil iraní Kheibar Shekan con piezas de origen chino. El proyectil previsto tendría un alcance de unos 1.900 kilómetros, suficiente para llegar a los países del Golfo e Israel.
El afán innovador de los hutíes se refleja también en el uso de la IA: están empleando Claude para desarrollar armas teledirigidas.
¿Y qué quieren hacer los hutíes con todo esto?
“A corto plazo, su objetivo es ganar terreno en Yemen, para hacerse con los yacimientos petrolíferos”, responde la investigadora Hamad Zahonero. “Pero les encantaría conquistar todo el país. Y en un futuro podrían tener intereses más allá de las fronteras de Yemen, porque su vocación es expansionista. Veremos con qué nos sorprenden”.