Casi 100.000 personas esperan resignadas el momento de hacer frente a un fuego sin control

Casi 100.000 personas esperan resignadas el momento de hacer frente a un fuego sin control

España arde

El incendio sigue imparable, alimentado por un viento que juega con los efectivos de extinción

El fuego ha expulsado de sus casas a decenas de miles de personas de la sierra oeste de Madrid y de los valles abulenses del Tiétar e Iruelas (casi 100.000 entre desalojados y confinados). La gran mayoría se ha ido a sus primeras residencias o a casa de familiares, pero muchos han sido alojados en una decena larga de polideportivos distribuidos a lo largo y ancho de la región (menos en Madrid ciudad, que no aloja a nadie).

Uno esperaría encontrarse a ciudadanos enfadados por la terrible situación que están sufriendo, pero no es lo mayoritario. La realidad es que la gente está tranquila, tras los nervios pasados, aunque inquieta por lo que puede estar ocurriendo con sus pueblos. Y destaca, por encima de todo, la paciencia.

“Se nos ha acabado la temporada de verano y me temo, que las temporadas siguientes”

“Chica, es lo que hay. Estamos vivos y eso, en verdad, es lo más importante. Tenemos cama, comida y nos tratan bien... Claro que estamos muy inquietos por lo que nos encontraremos cuando regresemos, pero lo primero es acabar con el fuego”, señalan María y Eugenia, dos señoras encantadoras que ya han cumplido los 65 y que llevan dos noches durmiendo en unas literas en el polideportivo de Villamanta. La primera noche, no pegaron ojo, aseguran. La segunda, mejor (“el ser humano se adapta a todo”, dicen al unísono).

¿Habrá más noches? Sí, saben que quedan más días, como lo sabe la mayoría. El denso humo y el olor a churrasco no dejan dudas y, menos aún, el viento caprichoso, que un rato se queda quieto y al rato siguiente empuja con fuerza, unas veces a la derecha y otras, al contrario. “Está descontrolado”, aseguran los agentes que mantienen cortada la carretera M-507. Tienen claro que no van a dejar pasar a nadie (salvo a los vecinos de Aleda del Fresno que van a por medicinas), “porque no queremos ser responsables de la muerte de nadie”, dicen. El miedo se impone ante cualquier argumento.

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Paciencia, agradecimiento e incertidumbre son los sentimientos mayoritarios, pero también hay indignación. Hay quienes no pueden evitar mostrar su dolor por un fuego que amenaza unos espacios naturales que les dan la vida en todos los sentidos. “Me vine a la sierra huyendo de Madrid. Aquí formé mi familia y encontré mi medio de vida, una granja que me da la felicidad. Y todo eso está a punto de desaparecer si no lo ha hecho ya”, indica Laura, desalojada de Chapinería.

La rabia sale a borbotones de su boca contra los que niegan el cambio climático, que impiden tomar las medidas adecuadas para poner freno a estos incendios, y contra los “políticos” que cuando llega el otoño despiden a las cuadrillas que cuidan el bosque. Sus palabras son compartidas por algunos de los que se encuentran en el bar de Pepe, convertido con el de La Muni en centros de reunión de los desalojados. Uno de ellos relata que los agricultores del parque norte de Guadalajara, donde se han quemado más de 32.000 hectáreas y cuyo humo se ha sumado a los de Madrid y de Ávila, van a volver a concentrarse en apoyo del alcalde que, supuestamente, provocó el incendio con una cosechadora. La noticia vuelva a elevar la indignación.

“Me vine a la sierra huyendo de Madrid. Aquí encontré mi medio de vida. Y todo eso está a punto de desaparecer”

Porque muchos sienten que su futuro se ha acabado. Aunque las casas no resulten afectadas, ni los pueblos, pero sí el paisaje que tanto atraía a los turistas, que tanto buscaban los urbanitas. “Se nos ha acabado la temporada de verano y me temo que las temporadas siguientes”, indica un vecino del precioso pueblo abulense de Navaluenga, que trabaja en un campamento infantil.

En Villamanta, un padre con su hijo con una discapacidad dan vueltas al pabellón deportivo. Están recién llegados. Dicen que han estado en otro polideportivo, pero han venido a este pensando que estaban compañeros del centro para personas con discapacidad intelectual AMAM. Ya no están, han sido trasladados a una residencia o con familiares.

Más de 1.300 personas mayores, con discapacidad y menores de un total de 19 residencias (14 de mayores, 3 de menores y 2 de discapacidad), personas en emergencia social y jóvenes de los municipios afectados por los incendios de la región han sido realojados en otros centros de la región.

En Villamanta, las mascotas no pueden estar dentro. Por eso, algunos duermen en sus coches con ellas. No es el caso de Libertad, de 11 años, que ha metido a su gata Tití entre la manta. Con ella espera paciente el momento de regresar a su casa, algo  que por el momento no ven muy claro sus vecinos de cama.

Es la hora de comer y los vecinos realojados en Villamanta regresan al polideportivo y se colocan frente a una furgoneta abierta, que desprende un olor que abre el apetito. Es de la oenegé World Center Kitchen, del chef español José Andrés, que ofrece desayunos, comidas y cenas para los realojados. Tres jóvenes están al frente de un dispositivo que se repite en otros centros deportivos.

En la vecina Navalcarnero no está la oenegé del chef español. A la veintena de familias alojadas en el polideportivo les atienden los servicios sociales. La tranquilidad impera en este centro, aunque de pronto todo se precipita. Cenicientos, donde se encontraba el puesto de mando que coordina la lucha contra este inmenso fuego, ha sido desalojada al cambiar, de pronto, el viento. Ahora, el puesto de mando está en Navalcarnero.

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