Objetivo: revertir la amnistía

Objetivo: revertir la amnistía

Cuaderno de Madrid

Vox obtendría hoy un mínimo de sesenta diputados en unas elecciones generales, según coinciden las últimas encuestas publicadas. Están en la cota del 18%, casi seis puntos por encima de los resultados obtenidos en las elecciones generales del 23 julio del 2023, de las que esta semana se cumplen tres años.

La legislatura de la Amnistía está siendo provechosa para Vox, y la onda expansiva del trumpismo lo es todavía más. El partido de Santiago Abascal es hoy un imán que atrae al español cabreado. Tienen más magnetismo las siglas que el líder. Para mucha gente Vox significa hoy protestar, zarandear, abochornar, decir hasta aquí hemos llegado. Disponen de una eficaz maquinaria digital, tienen ideas y cuentan con un potente patronazgo internacional. Sin tantos apoyos externos,  Podemos ejerció ese papel por el lado izquierdo hace una década. Llegaron a superar el 20% de los votos y se aproximaron a los setenta diputados. Estuvieron a punto de sobrepasar al PSOE. Pedro Sánchez lo evitó y Felipe González parece que no se lo ha perdonado.

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Podemos formaba parte de la estela final de Obama , cuando las redes sociales funcionaban con algoritmo demócrata. Elon Musk aún no había comprado Twitter. Un grupo de profesores de Ciencias Políticas de la Complutense, que después acabarían peleados entre ellos, sin piolet, pero con mucha amargura, creyeron ver un fantástico atajo digital en la tortuosa senda del materialismo histórico. Asustaron al Partido Socialista, lograron entrar en el Gobierno, han influido notoriamente durante diez años, pero el PSOE, el principal almacén de astucias políticas que funciona en España, los supo atrapar prometiendo espacio, protección y escudo mediático a una nueva versión más amable y pragmática de Podemos que se llamaría Sumar. Sumar es hoy un convento vacío, en el que el viento bate puertas y ventanas. Yolanda Díaz ha salido de escena sin esperar al final de la legislatura. Si no me queréis, me voy. El PSOE no se desploma en las encuestas gracias a los desmanes del juez Juan Carlos Peinado y a los voluntariosos votantes de Sumar, que adoran a Sánchez.

Vox pertenece a otro momento. Vox forma parte de la estela fosforescente del trumpismo en una Europa en estado critico, con el Frente Nacional galopando hacia la presidencia de la República Francesa, y con la extrema derecha a punto de empezar a ganar comicios regionales en Alemania. A la espera de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, que Trump ya amenaza con dinamitar en noviembre si los resultados le son adversos, Vox se halla en un momento dulce. Es su momento.

Empiezan a actuar como partido-guía de la derecha. Marcan el ritmo y fijan ideas. Han ganado políticamente el ciclo electoral regional que les ha regalado Alberto Núñez Feijóo , han impuesto la divisa de la prioridad nacional en Andalucía, la comunidad autónoma más poblada de España. Marcan el ritmo y son la fuerza política española mejor comunicada con el Gobierno de los Estados Unidos. Informan y son informados. ¿Acaso no lo sabía José Luis Rodríguez Zapatero ?

Atención a este dato: el Departamento de Estado norteamericano acaba de lanzar un fondo de cinco millones de dólares para ayudar a think thanks y a grupos civiles amigos del trumpismo en diversas partes del mundo. Desde Berlín, el canciller Friedrich Merz ya ha advertido que no quiere intromisiones de Estados Unidos en las elecciones regionales alemanas.  Van en serio.  Están creando la arquitectura para intervenir en las decisivas batallas electorales que el próximo año van a tener lugar en Europa. Están construyendo su tercera internacional. Vox no es un Podemos de derechas. Es otra cosa. Es signo de protesta y signo de poder. Según como vayan las cosas en las elecciones del 2027 en Francia (presidenciales), España, Italia y Polonia (legislativas), todo el marco europeo cambiará de dirección.

La batalla es europea. En este contexto es relevante que Junts esté decidiendo plantar cara a Aliança Catalana en el plano ideológico. Quieren estar más cerca de León XIV que de Trump . Han escuchado a Jordi Pujol .  Es significativo que lo hayan decidido después del veredicto de Luxemburgo. En Catalunya, a pequeña escala, siempre se visualizan las grandes batallas europeas. Aliança Catalana y Vox suman en estos momentos una proyección de voto del 30% en las encuestas.

La opinión de Vox sobre el aval europeo a la amnistía al independentismo catalán también es relevante. No puede ignorarse. El eurodiputado Jorge Buxadé , destacado miembro del núcleo dirigente, ha lanzado un reto al Partido Popular: reversión de la ley de Amnistía en la próxima legislatura. ¿Será esa una de las condiciones de Vox para la investidura de Feijóo?

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Feijóo dice que quiere pasar página. Quisiera tener manos libres con Junts y el PNV, piensa todavía en una moción de censura, esa moción que aún no se ha atrevido a presentar; quisiera un PSOE diezmado, avergonzado, con ochenta diputados, con Sánchez remando en galeras, un PSOE corregido con el que pudiese pactar políticas de Estado bajo la bendición de Felipe González.

José María Aznar corrige ese guion nerviosamente porque no quiere entregar más espacio a Vox. Aznar acaba de decir que “la agresión sediciosa al derecho no puede quedar impune”. Quien pueda hacer que haga. Esto no va a quedar así.

Resumen. El PSOE resiste más de lo previsto gracias al trasvase de votos de Sumar. Y en la derecha surge una nueva disyuntiva: pasar página del procès o ir a las elecciones generales con la promesa de un nuevo proceso punitivo en Catalunya. “La sedición no puede quedar impune”. Fórmulas jurídicas no faltarían en un país en el que ya hay veteranos juristas imaginando que se podría forzar un impeachment de Sánchez invocando el artículo 102 de la Constitución, bajo la acusación de “alta traición”.

¿Seguirá aguantando el PSOE?

¿Quién manda en la derecha?

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