Los nuevos informáticos ya no programan, supervisan el trabajo de la IA

Los nuevos informáticos ya no programan, supervisan el trabajo de la IA

Los freelance de la IA

“Mi trabajo consiste en darle instrucciones a la IA, vigilar como crea la página web e intervenir si se ha equivocado”, afirma Laia Carrillo, freelance con 18 años

Casi el 84% de los programadores de software utiliza o planea utilizar herramientas de IA en su proceso de desarrollo, especialmente entre los programadores principiantes

Laia Carrillo se levanta cada mañana a las 9 h y lo primero que hace es abrir el ordenador para comprobar si la inteligencia artificial le ha adjudicado otro cliente en su calendario laboral. Tiene dieciocho años y, aunque su principal fuente de ingresos es dar clases particulares de música, se presenta como desarrolladora de software freelance. Sin embargo, para ejercer como tal, depende de una herramienta de trabajo indispensable que opera instalada en su ordenador.

Aunque es ella quien le da órdenes, Claude –el asistente de inteligencia artificial de Anthropic– organiza prácticamente toda su vida desde el ordenador. En el ámbito laboral, responde automáticamente a los mensajes de los clientes y desarrolla los proyectos de software; en lo personal, revisa que no le programen una nueva cita médica en CatSalut y le envía notificaciones constantes sobre las actividades que tiene previstas, hora a hora y minuto a minuto. Ella depende de la IA para trabajar y la IA depende de ella, mientras espera instrucciones para poder ejecutarlas.

Mi trabajo consiste en darle instrucciones a la IA, vigilar como crea la página web e intervenir si se ha equivocado”

Durante el día puede llegar a estar diez horas delante del ordenador. “Mi trabajo consiste en darle instrucciones a la IA, vigilar cómo crea la página web e intervenir si se ha equivocado en algún código”, explica. Gracias a este trabajo, asegura que gana 1.200 euros al mes —unos 450 euros como freelance programando y el resto dando clases particulares de música—, y por programar una página web, unos 90 euros de media. Su oficina es el escritorio de la habitación que alquila en Fabra i Puig, Barcelona, en un piso compartido con tres compañeros: un enfermero, un entrenador personal de gimnasio y una ingeniera civil.

Si no tiene un proyecto pendiente —es decir, si la IA no le recuerda que tiene una tarea programada—, dedica el tiempo a entrenarla para que pueda ejecutar más eficientemente las tareas del día siguiente. “Ya me conoce; sabe lo que tiene que hacer y lo entrega”, afirma Carrillo. Aunque tiene muchos amigos que se dedican a la programación con IA, asegura que le tiene que explicar recurrentemente a su madre lo que hace “para que lo entienda”.

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Una tendencia al alza

Casi el 84% de los programadores de software utiliza o planea utilizar herramientas de IA en su proceso de desarrollo

Según el informe Stack Overflow Developer Survey 2025 —una encuesta anual que recopila información sobre el sector tecnológico—, el 83,8% de los desarrolladores de software utiliza o tiene previsto utilizar herramientas de inteligencia artificial en su proceso de desarrollo. Además, los desarrolladores principiantes destacan especialmente, ya que un 55,5 % asegura utilizarlas a diario.

Por otra parte, aproximadamente el 70 % de los usuarios afirma que ha reducido el tiempo dedicado a tareas específicas de desarrollo, gracias a la IA, mientras que el 69 % considera que estas herramientas han aumentado su productividad.

Las primeras semanas conseguí programar un verificador de noticias para el navegador Chrome”

A Bruno Martínez un amigo le habló de un chatbot que le permitía “hacer lo que quisiese”. Tenía treinta y cuatro años y hacía dos años desde que todo el mundo empezó a hablar de ChatGPT. No tenía conocimientos previos de programación ni de inteligencia artificial. “Las primeras semanas pedía ayuda a mis amigos y con la IA conseguí programar un verificador de noticias para el navegador Chrome”, describe Martínez.

Lo hizo juntando varias herramientas de inteligencia artificial mediante APIs (Interfaces de Programación de Aplicaciones). Primero, ChatGPT recogía la pregunta; después la enviaba a Perplexity –un motor de búsqueda basado en IA–, esta estructuraba un informe de validación y, finalmente, Claude redactaba el informe. Al no tener formación previa, Martínez tardó tres o cuatro meses en programar este proyecto. Las herramientas de inteligencia artificial tardan tan solo dos minutos en generar el informe de verificación.

Yo soy el CEO de la empresa, y tú eres el desarrollador visual de esta aplicación”

Antes de empezar un proyecto, Martínez también define a la IA cuál es su rol en el trabajo: “Yo soy el CEO de la empresa, y tú eres el desarrollador visual de esta aplicación”. O le ordena: “Ajusta esta ventana de la aplicación y busca el error”.

Aunque considera a la IA como su “herramienta de trabajo”, es consciente de que le ha ocasionado problemas de salud mental. “Durante años he acudido al médico por cuadros de ansiedad y estrés y dolores de cabeza constantes”, afirma. Él mismo admite que entrar en una profesión que obliga a pasar gran parte del día frente al ordenador tiene consecuencias. “Es muy difícil lidiar con la frustración de no poder hacer una página web, porque no tienes la formación suficiente o no entiendes la IA”.

Aun así, valora especialmente la flexibilidad horaria de este trabajo, ya que le ha permitido cuidar de su padre en casa, que sufre alzhéimer.

“Los jóvenes programan solo con IA, pero tampoco entiendo que la gente de mi edad no la use”

Justamente, Bryan Sánchez es muy consciente de la importancia de contar con formación previa en esta profesión. Tiene treinta y un años y estudió programación con veinticinco. Ahora, teletrabaja en una compañía de seguros y en su tiempo libre programa con IA. Algunas semanas llega a trabajar cincuenta horas semanales: cuarenta en su empresa y diez como freelance. Sánchez pertenece a una de las últimas generaciones que aprendieron programación sin la IA. “Fui un purasangre”, bromea. “Tuve que estudiar y entender sin tener la manía de comprobar todo lo que hacía con la IA”.

Desde el año pasado realiza pequeños proyectos como desarrollador de software con ayuda de la IA en su tiempo libre. Eso sí, con “la experiencia de entender la lógica detrás de un código”. Asegura que es el único de su entorno profesional que utiliza estas herramientas de forma habitual. “Los jóvenes programan solo con IA, pero tampoco entiendo que la gente de mi edad no la use si la tiene a disposición”, añade.

La IA sabe cómo hacerlo y yo sé lo que quiero que haga; somos un buen equipo”

“Cuando descubrí que podía crear cualquier tipo de software en tan solo unos minutos, me emocioné”, afirma Sánchez. Gracias a la estabilidad económica que le proporciona su otro trabajo, puede trabajar con ritmos mucho más pausados. “Hago un proyecto entero en dos meses”, explica. De hecho, este año solo quiere completar cinco proyectos. “La IA sabe cómo hacerlo y yo sé lo que quiero que haga; somos un buen equipo”, describe. Sánchez asegura que llegó a ganar 3.000 euros en un proyecto que tardó tres meses en desarrollar.

Adentrarse en este mundo sin formación previa puede ser peligroso. “Puedes tener la falsa sensación de que eres un programador profesional solo por mirar un videotutorial”, añade Sánchez. “Avanzarás sin entender realmente el proceso y cometerás errores que después serás incapaz de solucionar”.

Los “tokens”

La IA calcula su coste de uso mediante fragmentos de texto que utiliza como unidad básica para operar

Inteligencias artificiales como Claude, Gemini o GitHub Copilot funcionan mediante sistemas de “tokens”. Los tokens son las criptomonedas que hacen funcionar a las inteligencias artificiales, y las que marcan también su precio. La suscripción a una modalidad de IA como Claude Max —la versión de pago de Claude que te permite tener más flexibilidad para programar— tiene un precio de 100 dólares al mes (86,13 euros) y cuenta con un número estimado de tokens, una cifra que no es pública porque es un límite basado en el uso que se hace de la IA.

El gasto en suscripciones a herramientas de IA es proporcional al nivel de conocimiento del usuario. Cada pregunta o instrucción que das a la IA gasta más o menos tokens según lo que le cueste conseguir el resultado. “Si le pides a la IA que analice algo genérico, quizá gaste cincuenta 'tokens' de golpe”, explica Sánchez. “Pero si le especificas que examine únicamente el apartado número tres de un programa y te diga cómo optimizar el tiempo de procesamiento, gastará solo tres”.

​La clave, según explica Sánchez, está en plantear correctamente el trabajo y adelantar parte del razonamiento para que la IA pueda ejecutar la tarea con más precisión.

Una burbuja apunto de explotar

El coste real para utilizar la modalidad de Claude que utilizan los programadores ha aumentado considerablemente desde abril

La burbuja de la programación con IA está empezando a llegar al límite. Y las empresas del sector lo saben y están aumentando, indirectamente, el precio de sus servicios. El pasado mes de abril, Claude introdujo nuevos cambios que encarecieron la modalidad de suscripción más utilizada por los programadores.

Esto afecta de pleno a profesionales como Martínez, que dependen de la IA para desarrollar proyectos para sus clientes. Hasta el momento, ganar cincuenta o cien euros por un trabajo que un programador profesional cobraría a ochocientos o mil euros podía parecer relativamente sencillo. El problema aparece cuando hay miles de personas en internet dispuestas a poner a trabajar la misma IA por precios cada vez más bajos, con costes de suscripción a la IA cada vez más altos. La burbuja está a punto de explotar.

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