Jose Antonio Rivero Mañé, 99 años: “Me han vuelto a renovar el carnet de conducir”

Jose Antonio Rivero Mañé, 99 años: “Me han vuelto a renovar el carnet de conducir”

MI VERANO NÚMERO 99. Jose Antonio Rivero Mañé Ingeniero técnico. Nació el 22 de agosto de 1926

Ingeniero técnico industrial, entró en Renfe como ayudante de calderero en 1951 y se jubiló como gerente de mantenimiento del material rodante de Catalunya

José Antonio Rivero Mañé, Pepe, para sus conocidos, cumple 100 años el 22 de agosto. Para celebrarlo, está organizando dos fiestas, una para la familia, el día de su cumpleaños, en un restaurante de Les Borges Blanques y otra para familia y amistades, con el grupo de habaneras Pescadors de l'Escala. La segunda sera el 5 de septiembre, en la piscina de Corbins, el pueblo de Lleida en el que vive, en su casa, con su esposa. “Trinidad era _dice de ella _ la más guapa del pueblo (se ríe). La conocí en la parada del bus de la Plaza Berenguer IV de Lleida. Estudiaba Magisterio y allí, cerca de la pensión en la que yo vivía, cogía el autobús para ir a Corbins. Un domingo fui al pueblo a buscarla para bailar”.

Ingeniero técnico industrial, solo se arrepiente en la vida de no haberse matriculado en la ingeniería superior. Entró en Renfe como ayudante de calderero en 1951, cuando llevaba un año en una empresa subsidiaria de la compañía. Luego fue fogonero, tiempo que compaginó con los estudios de ingeniería que le permitieron ascender y desempeñar cargos en Andalucía y Catalunya y jubilarse como gerente del mantenimiento del material rodante de Catalunya. Lleva cobrando la pensión máxima, desde 1988, se jubiló a los 60 años; “No le he salido rentable a la Seguridad Social, coticé 38 años, desde el 50 al 88 y llevo cobrando pensión otros 38 años”.

Los vecinos de Corbins le ven conducir los viernes por la mañana. “Voy a cumplir 100 años, me han vuelto a renovar el carnet de conducir. Voy al supermercado a Lleida a comprar pescado, no quiero depender de mis hijos,”, argumenta. Aunque conduce con prudencia, hace tres años le llegó multa por exceso de velocidad.

“Me saqué el carnet ya casado, conduje algunos años sin carnet. Me compré un Seat 600 de segunda mano”, recuerda. Solo ha tenido un accidente, del que culpa a su mujer, por despistarle: “Íbamos por Lleida, queríamos comprar un piso, ella me señaló una zona y ¡pum! Me empotré debajo de un camión. Seguramente aquel camión no tenía las cosas muy lícitas, teniendo toda la culpa yo, se marchó”

Cuentan sus hijas que cada noviembre de los últimos años, cuando le toca renovar el carnet, dice que es la última vez. Pero cuando se acerca la fecha de aparcar definitivamente su Fiat vuelve a intentarlo.

“La técnica del centro donde hago las pruebas para renovar me ha pedido que no vaya más, las capacidades para conducir las tengo, pero ella le exigen demostrarlas. Me piden un certificado de las medicinas que tomo y a ellos les requieren mi historial desde que me saqué el carnet” explica. Dice también que tiene “un poco mal la vista” pero que conduce sin dificultad.

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Manejando con soltura su tablet, las aplicaciones de su móvil y del televisor, la jubilación le permite _afirma_ estar con su esposa y la familia el tiempo que cuando trabajaba no pudo: “yo estaba enamorado de mi profesión, me llevaba más horas de las estipuladas por contrato”.

Nacido en Vilanova i la Geltrú _tenía nueve años cuando comenzó la Guerra Civil_, la muerte de su padre en 1950, por tuberculosis, truncó su vida. La enfermedad acabó con los ahorros de la familia, tuvo que dejar la Academia Peñalver de Barcelona donde estudiaba el ingreso en la Escuela de ingenieros.

“Quedamos en la miseria, pasé hambre pero luego he podido comer en el Ritz, pagando otros” dice ahora.

Padre de dos hijas y un hijo, abuelo de cuatro nietas y dos nietos, Pepe, combinó su trabajo en Renfe con el de profesor de química y física en la escuela de Maestría de Lleida y en la escuela de Renfe y durante un tiempo dedicó sus fines de semana a una finca de fruta.

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