
El tejido empresarial catalán sigue siendo muy potente y también muy complejo. Por ello las organizaciones que pretenden representarlo viven en una tensión permanente con intereses que no siempre concuerdan. Sus enfrentamientos recuerdan a pugnas literarias, como las de las familias de Juego de Tronos, los Lannister y los Stark. Se producen la mayoría de las veces por debajo del radar y en pocas ocasiones afloran a la superficie con toda claridad.
Uno de los pocos espacios donde se puede visualizar más esta batalla por el poder es la Cambra de Comerç de Barcelona. Así, en plena vigencia del procés , en mayo del 2019, una candidatura independentista, Eines de País, ganó las elecciones a esta institución al obtener 31 de las 40 vocalías que se elegían. Una de sus primeras decisiones fue reducir la representación de las grandes empresas en la Cambra, las llamadas sillas de plata , que pasaron de 14 a solo 2 vocalías. El sistema tradicional permitía a estas potentes empresas tener voto asegurado en la Cambra y así equilibrar más la representatividad de la institución. No en vano su peso en la economía catalana supera el 35%. Con la decisión de Eines de País, solo Criteria y RACC tienen una silla de plata.
El nuevo equipo, bajo el mando del actual presidente, Josep Santacreu, elegido en octubre del 2023, se propuso recuperar esta representación de las grandes empresas, y así lo aprobó el comité ejecutivo de la Cambra la pasada semana. Sin embargo, existen muchas reticencias y hoy el pleno de la Cambra lo tendrá que ratificar . Una de las organizaciones patronales, Pimec, se ha movilizado en contra y puede cargarse la iniciativa, ya que defiende el actual sistema electoral en el que no importa el tamaño y la facturación de cada empresa.
La batalla es enconada y el hecho de que el voto sea secreto hace difícil un pronóstico. Tiene razón la dirección actual de la Cambra cuando sostiene que el actual sistema no refleja bien el peso de las grandes corporaciones, pero el todo o nada que supone la votación de hoy es muy arriesgado. Lo ideal habría sido aparcar las tradicionales disensiones y buscar un consenso, pero parece que no ha sido posible.