Barcelona se atasca con la gestión de la creciente distribución urbana de mercancías

Barcelona se atasca con la gestión de la creciente distribución urbana de mercancías

En el 2023 se presentó un ambicioso plan, pero se ha avanzado más bien poco y las furgonetas siguen copando el 23% de la circulación de la ciudad

Antes se le llamaba carga y descarga, pero ahora hay que usar el concepto distribución urbana de mercancías (DUM). Sea como fuere, el trajín de furgonetas arriba y abajo, unido al boom del comercio electrónico que todavía ha disparado más el gremio, es hoy uno de los principales desafíos de movilidad de Barcelona. Amén de la experiencia de cada uno con un vehículo de reparto en doble y tercera fila, hay un dato que lo explica todo: cerca del 23% de los vehículos que circulan por la ciudad tienen relación con la DUM. El Ayuntamiento presentó un ambicioso plan a principios del 2023, pero más de tres años después (el horizonte se situaba en el 2030), la situación sigue siendo la misma.

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No hay una respuesta muy definida por parte del Consistorio al preguntar sobre cómo avanza la hoja de ruta de ese ambicioso plan. Viene a la cabeza la promesa de recuperar 30 interiores de manzana, lanzada por Jaume Collboni durante la campaña electoral de mayo del 2023. No hay mala fe ni mentiras. Lo más probable es que haya mediado un error de cálculo. Lo único que se ha hecho, señala un portavoz municipal, es simplificar trámites para poder repartir de noche

No es un problema nuevo. El mismísimo Porcioles ya intentó poner orden en el sector de las furgonetas a finales de los 60, pero el gremio, más o menos como hacen hoy los taxistas con Tito Álvarez al frente, amenazaron al entonces alcalde con una revuelta en la calle.

Plan fallido

El Consistorio vio un futuro de ‘cargobikes’ y con consumidor recogiendo paquetes en ‘lockers’ urbanos

El plan presentado el 10 de marzo del 2023 era un tsunami de optimismo. Se dijo que para el 2030, el 40% de los productos adquiridos online ya no llegarían a casa sino que se irían a buscar a centros de distribución de mercancías urbanas (los famosos lockers), se aspiraba a reducir un 50% la contaminación que generan las furgonetas y que su indisciplina también cayera un 60%. La hoja de ruta trazada en tiempos de Ada Colau (aunque al frente del negociado estaba el PSC) se presentaba con una frase que era un preventivo y sutil jarro de agua fría: “No tenemos una foto final clara”. Ahí seguimos.

Algunos aparcamientos tienen taquillas de recogida y a veces se ven cargobikes de reparto, pero a mitad de camino de esta estrategia, no se ha ido a mejor. Al contrario: con menos carriles, la indisciplina –que nace de la necesidad– es ahora aún más dolorosa.

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