Así es la medusa Pelagia noctiluca, una de las especies más urticantes del Mediterráneo

Así es la medusa Pelagia noctiluca, una de las especies más urticantes del Mediterráneo

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Su picadura provoca habitualmente un dolor intenso e inmediato, acompañado de enrojecimiento, inflamación, escozor y, en algunos casos, la aparición de ampollas o lesiones cutáneas que pueden persistir durante varios días

La medusa pelágica (Pelagia noctiluca), también conocida como medusa luminiscente o “piqueur mauve” (picador malva), vuelve a ser protagonista del verano en el Mediterráneo. Esta especie, considerada una de las más urticantes de la región, ha sido observada en aguas del mar Egeo, incluyendo zonas próximas a la isla griega de Míkonos, donde su presencia es habitual durante los meses más cálidos.

Las imágenes muestran ejemplares de Pelagia noctiluca nadando en aguas mediterráneas, una especie fácilmente reconocible por su campana de tonos rosados o violáceos y sus largos tentáculos, recubiertos de células urticantes capaces de provocar dolor intenso, escozor, inflamación y enrojecimiento de la piel tras una picadura.

A diferencia de otras medusas, Pelagia noctiluca desarrolla todo su ciclo de vida en mar abierto, sin fase de pólipo adherida al fondo marino. Las corrientes y el viento pueden desplazar grandes concentraciones de ejemplares hacia la costa, donde ocasionalmente llegan a playas muy frecuentadas por bañistas.

Durante los últimos veranos, científicos y organizaciones de seguimiento marino han detectado episodios de elevada presencia de esta especie en distintos puntos del Mediterráneo. En el mar Egeo, las observaciones realizadas en 2026 confirmaron un nuevo episodio de proliferación de medusas pelágicas, con registros en varias zonas costeras de Grecia y un seguimiento específico de su evolución.

El calentamiento del Mediterráneo puede favorecer la presencia de la medusa pelágica al prolongar las condiciones favorables para su desarrollo. Sin embargo, los científicos recuerdan que su abundancia depende también de factores como las corrientes, el viento y la disponibilidad de alimento, por lo que no puede atribuirse únicamente al cambio climático.

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