
Heredero de un espíritu aventurero —ha viajado hasta los dos polos—, el príncipe es un defensor del medio ambiente. Desde su fundación FPAII consigue alianzas y recursos para la protección de los océanos y de especies como la foca monje
“ Mon seigneur les recibirá enseguida”, informa uno de los secretarios del príncipe Alberto II de Mónaco, y servidores asentimos ante la solemnidad del término. Se trata del único monarca europeo a quien se le dispensa el mismo título que a los clérigos de alto rango, pero responde a una coincidencia lingüística. “Mi señor” —en francés, mon seigneur —les llaman los monegascos , un país profundamente católico, a sus príncipes, aunque el verdadero tratamiento sea aún más elevado, sublime: “su alteza serenísima”.
Al instante se acerca un guardia uniformado: “Disculpe, ¿podría pasar su bolso por el control de seguridad?”, me dice con cortesía, aunque yo me sienta por un instante sospechosa porque ha advertido que no lo pasé cuando entré en el hotel Mandarin. Todo está bajo control en el alojamiento temporal del príncipe Alberto II, su esposa la princesa Charlene y el equipo de diplomáticos, intendentes y escoltas que lo acompañan en su visita a Madrid. Mientras algunos huéspedes desayunan huevos Benedictine y capuchinos con corazones de espuma, recibimos instrucciones para nuestra cita real. En unos minutos, junto con el fotógrafo Jesús Isnard y su asistente subiremos a la planta privada donde se instalan los príncipes y su corte. “Debéis ajustaros al timing ”, nos requieren, amables y a la vez estrictos.
Quienes lo conocen lo definen como una persona cercana que adora a su familia. Nada que ver con la frivolidad o la 'dolce vita'
Las puertas de todas las habitaciones en la planta con ascensor privado están semiabiertas dejando asomar los equipajes y el revuelo de almohadas. Es curiosa la transparencia con la que se hospedan. Pienso en la vida de hotel de la aristocracia de posguerra, cuando ocupaban varias habitaciones de un hotel con esplendor. Y recuerdo las dos suites más las habitaciones para el servicio en las que vivía la familia de Vladimir Nabokov, en el Montreux Palace. Esta, no obstante, es una estancia exprés pero intensa: encuentro con los reyes, el presidente del Gobierno, visita a la exposición Mónaco y España: 150 años de historia compartida en el Botánico y una jornada de análisis dedicada a su fundación.
A punto estamos de entrar en la suite real, cuando la princesa avanza por el pasillo con el pelo mojado: viene del spa y camina casi de puntillas sobre la moqueta. Nos saluda con su aire tímido y una voz dulcísima. Es la primera vez que su esposa la princesa Charlene lo acompaña a España, un país donde parte de su sociedad siente una enorme fascinación hacia la estirpe de Rainiero y Grace, especialmente por la princesa Carolina y sus hijos. En cuanto a Alberto II de Mónaco —con los rasgos faciales más parecidos a su madre—, siempre ha habido cierta distorsión entre su imagen y su personalidad. Aseguran que lo lleva con resignación y siempre con una sonrisa. Sus amores, los hijos que tuvo de soltero y su matrimonio han formado parte de las obsesiones de la prensa rosa, alentando rumores y fake news.
Quienes lo conocen lo definen como una persona cercana que adora a su familia. Nada que ver con la frivolidad o la dolce vita. Menos autoritario que su padre, amante de la ciencia. “Es muy exigente consigo mismo, incansable, sabe escuchar, y está directamente implicado en el trabajo que desarrolla. Además, tiene muy buena memoria y un gran sentido del humor”, explica Carol Portabella, presidenta la fundación FPAII en España, que este año celebra una década. También es el único jefe de Estado que ha viajado a los dos polos, Norte y Sur. Esta entrevista ha sido gestionada a través de su fundación, una de las más activas en promover alianzas y conseguir fondos para la protección de los océanos y el equilibrio climático, con la condición de explorar esta faceta.
En la suite del Mandarin Oriental se respira un aire limpio: bouquets de rosas blancas en las mesas de caoba, botellas de agua y el saludo desenvuelto de un príncipe que aprendió un poco el español en los veranos de su infancia.
Es el único jefe de Estado que ha viajado a los dos polos, Norte y Sur
Su equipo nos ha pedido que la sesión fotográfica sea sencilla, sin apenas equipo, ni luces ni focos en la suite; no quieren que el príncipe se sienta posando, hecho que lo incomoda a pesar de tratarse del hijo de Grace Kelly. Tendremos menos de un cuarto de hora para disparar la portada, y aunque al principio las poses son rígidas, la atmósfera da un giro cuando advertimos que tiene mal doblada la chaqueta. “Pero no me atrevo a tocarlo”, le digo. “¿Por qué? Claro que puede tocarme, yo no soy el rey de Tailandia”, responde expresivo. Y nos relata la dramática muerte de la reina Sunandha Kumariratana cuando se cayó de la barca y su séquito dejó que se ahogara a fin de respetar el mandamiento. La sesión continúa y a los tres minutos Isnard exclamará: “¡La tengo!”.
Existe una mezcla insólita en Mónaco. Ustedes promueven el circo, tienen un festival de la filosofía y un Baile de la Rosa, el Gran Premio de F-1 y un PIB de los más altos del mundo. Un país particular.
Cultivamos facetas muy diversas , hay una gran tradición cultural y deportiva; la promoción de la salud y el bienestar, y por encima de todo, el amor a la ciencia. Es un país mediterráneo. Yo he sido tocado por el Mediterráneo desde niño, aunque tenga un lado americano por parte de mi madre. Pero tal es el sentido de pertenencia que me hace sentir responsable de su salud medioambiental. Vemos que el Mediterráneo sufre y necesita protección para sobrevivir; no solamente se trata de la polución, también de la pesca, de la presión turística sobre los ecosistemas marítimos; por eso tenemos que sensibilizar a todo el mundo sobre los peligros que nos amenazan. La economía azul precisa de atraer más inversión. Defendemos también la agricultura razonable, es la vía que ayudará a mantener el ecosistema y hacerlo prosperar.
Vivimos una emergencia planetaria: se estima que entre 75 y 199 millones de toneladas de plásticos flotan en los océanos y afectan a más de 800 especies marinas. También el calentamiento amenaza con destruir los arrecifes. En alguna ocasión ha citado a Rousseau: “Para conocer a los hombres, hay que verlos actuar”. ¿Cómo actuamos los ciudadanos del siglo XXI respecto al mar?
Por desgracia, todavía reducimos con demasiada frecuencia el mar a un espacio de explotación, capaz de absorber indefinidamente nuestros excesos. Sin embargo, hoy sabemos que el océano está en el corazón de los grandes equilibrios del planeta. Regula el clima, alimenta a poblaciones enteras, alberga una biodiversidad esencial y condiciona una gran parte de nuestro futuro común. Creo, no obstante, que tenemos todas las claves para que el siglo XXI sea el de un cambio profundo en nuestra relación con el océano. La verdadera cuestión ya no es solo saber si amamos el mar. La cuestión es saber si hemos comprendido su valor. Precisamente este cambio de mirada y de paradigma es el que mi fundación trata de impulsar mediante el apoyo a la ciencia, la defensa de una mejor gobernanza, la preservación de especies amenazadas y la financiación de una economía azul sostenible.
¿Qué significan para usted el Mediterráneo y su cultura?
¿El Mediterráneo? Lo veo todos los días; me acompaña desde mi nacimiento porque crecer en Mónaco es crecer con la conciencia de que el mar está muy vivo. La cultura mediterránea no se define realmente por fronteras, sino más bien por actitudes, una arquitectura, una luz y una hospitalidad profundamente arraigadas.
La verdadera cuestión ya no es solo saber si amamos el mar. La cuestión es saber si hemos comprendido su valor”
¿Mónaco reivindica la cultura mediterránea?
Diría que Mónaco es mediterráneo sin necesidad de reivindicarlo. Es una evidencia geográfica, histórica y humana. Mi familia tiene raíces italianas, de Génova, y todos compartimos en la cuenca mediterránea una cultura común en torno a la gastronomía, la relación con el tiempo y el sentido de compartir.
¿Qué recuerdos conserva de las primeras salidas al mar en familia?
Mi padre sentía una verdadera pasión por el mar, que nos transmitió rápidamente durante nuestras salidas por el Mediterráneo. En verano, partíamos todos juntos a bordo de un barco; mi padre era, por supuesto, el capitán, y cada uno tenía un papel bien definido para garantizar el buen desarrollo de la travesía. Aquellos momentos en el mar eran realmente preciosos porque nos ofrecían raros momentos de libertad e intimidad.
Usted es un experto en buceo. Me han comentado que es el primero en lanzarse al fondo del mar en algunas misiones de la fundación. ¿Qué sensaciones experimenta cuando se sumerge a gran profundidad?
Cuando tengo la oportunidad de bucear en el mar, sigue siendo siempre una sensación única de libertad. En el Gran Azul, todo es extremadamente apacible e incluso reconfortante. Es otro mundo que vive en un silencio submarino, pero donde el asombro es permanente.
¿En alguna ocasión ha tenido sensación de peligro?
Nunca he sentido peligro durante mis inmersiones porque siempre he respetado las normas de seguridad, especialmente la de no bucear nunca solo.
¿Hay alguna inmersión en el Mediterráneo que le haya marcado especialmente? ¿El fondo del océano es otro mundo?
En el 2020, subí a bordo de un buque de investigación para descender a la fosa de Calipso, el punto más profundo del mar Mediterráneo, en Grecia (-5.109 metros). Durante esa inmersión pude observar una contaminación por plásticos muy importante. Eso me impactó profundamente porque la contaminación por plástico está realmente en todas partes, incluso en las grandes profundidades.
Comparto la convicción de que solo podemos proteger eficazmente aquello que comprendemos y amamos”
¿En qué momento se encuentra hoy la ciencia del mar?
Nunca hemos dispuesto de un conocimiento tan preciso del océano, de su papel en los equilibrios climáticos y de las transformaciones que le afectan: el calentamiento, la acidificación, las diversas contaminaciones y la pérdida de biodiversidad. Este conocimiento es indispensable porque permite actuar eficazmente. La ciencia debe ser nuestra brújula: nos ayuda a comprender, anticipar, establecer proyecciones y medir las consecuencias de los cambios en curso, así como la eficacia de las respuestas que aportamos. Por eso Mónaco siempre ha decidido apoyar la investigación científica y por eso le brindo un apoyo inquebrantable. Sin ciencia no hay ni un diagnóstico correcto ni una acción duradera. Por supuesto, debemos mantener la humildad ante este conocimiento. Una gran parte del océano, especialmente las grandes profundidades, sigue siendo poco conocida. Todavía nos queda mucho por descubrir.
¿Cómo siguen inspirando su propia visión de la protección de los océanos y, en definitiva, de la salud del planeta, el legado científico y el compromiso oceanográfico de su tatarabuelo, el príncipe Alberto I?
El legado de mi tatarabuelo sigue siendo para mí una fuente de profunda inspiración. Pionero y visionario, comprendió muy pronto que el océano no era solo un espacio por explorar, sino un mundo vivo que debía conocerse y protegerse. Su enfoque ya unía la ciencia, la curiosidad, la responsabilidad y la acción. Fue un precursor y el padre de la oceanografía moderna. Comparto la convicción de que solo podemos proteger eficazmente aquello que comprendemos y amamos. Por eso es especialmente importante reconstruir nuestro vínculo con el mar. El océano es un verdadero pulmón azul del planeta. Regula el clima, absorbe el 25% del CO2 que emitimos y el 90% del calor. Además, alberga una biodiversidad indispensable para la vida. Pero no podemos preservar el océano sin mantener el conjunto de los equilibrios del planeta, porque todo está relacionado; por eso hablamos de salud planetaria.
En el 2026 se celebra el 150.º aniversario de la misión diplomática de Mónaco en España. ¿Qué es lo que más le acerca a nuestro país?
Lo que nos acerca de manera natural a España es, evidentemente, el mar Mediterráneo, del que ya hemos hablado. Desde el punto de vista histórico, existe un fuerte vínculo entre nuestros dos países que se remonta mucho más allá de hace 150 años. En efecto, el Principado de Mónaco estuvo bajo protectorado militar español durante más de un siglo, de 1524 a 1641, en tiempos de Carlos V. En 1958, mi madre, la princesa Grace, eligió como mi madrina a Victoria Eugenia, la antigua reina consorte de España y abuela del rey Juan Carlos. Este año (2026), el vínculo entre España y Mónaco se expresará también a través del deporte, ya que la Vuelta a España partirá desde Mónaco los próximos 22 y 23 de agosto. Estamos muy orgullosos de ello y esperamos que sea una gran fiesta del ciclismo.
Durante los veinte años de trabajo de la fundación, ¿qué proyecto sobre el terreno le ha marcado más?
Es difícil elegir un solo proyecto entre los 830 que la fundación ha apoyado desde su creación, pero citaré dos cuyo impacto positivo hemos podido medir de manera concreta. Pienso en los esfuerzos de conservación a favor de la foca monje del Mediterráneo, una especie emblemática que estuvo amenazada durante mucho tiempo y para la que las acciones de protección y preservación de los hábitats están comenzando a traducirse en una recuperación de las poblaciones. También pienso en la movilización en favor del atún rojo del Mediterráneo, que estaba amenazado de colapso y cuyas poblaciones se han recuperado en la actualidad.
Usted es un gran buscador de alianzas. ¿De qué negociación de alto nivel se siente más orgulloso?
El acuerdo sobre la protección de la biodiversidad en alta mar, conocido como acuerdo BBNJ (Biodiversity Beyond National Jurisdiction, en sus siglas en inglés), constituye un gran avance. Marca la culminación de casi dos décadas de negociaciones internacionales y abre el camino hacia una mejor gobernanza de los espacios marinos situados más allá de las jurisdicciones nacionales.
¿Cuál es el próximo desafío ambiental que nos espera?
El próximo gran desafío será, sin duda, acelerar el surgimiento de una economía azul sostenible y convertirla en una verdadera vía de transformación. Este tema central estuvo precisamente en el corazón de la Monaco Blue Initiative y del Blue Economy and Finance Forum, organizados en Montecarlo a finales de mayo (la iniciativa conecta presidentes de gobierno, organizaciones internacionales, inversores e innovadores de todo el mundo). Estos proyectos demuestran que los destinos turísticos pueden cambiar de modelo y avanzar hacia un turismo más responsable, capaz de contribuir a preservar precisamente aquello que constituye el valor de estos territorios: su mar, sus paisajes, su biodiversidad y la calidad de vida de sus habitantes.
El próximo gran desafío será, sin duda, acelerar el surgimiento de una economía azul sostenible ”
Su fundación ha colaborado con el Grup Balear d’Ornitologia i Defensa de la Naturalesa, que impulsa una nueva normativa sobre residuos. Las islas Baleares están amenazadas por el impacto del turismo de masas. ¿Ha podido conocer de cerca esta acción?
Baleares es un territorio excepcional, pero frágil. Como muchas islas mediterráneas, sufren una presión considerable relacionada con el turismo, que representa una parte importante de su economía. Esta afluencia genera una gran cantidad de residuos, especialmente plásticos, y ejerce presión sobre la biodiversidad local. Por ello, es importante apoyar iniciativas capaces de producir cambios concretos. Precisamente ese es el sentido de la acción de la asociación BeMed, que mi fundación puso en marcha en el 2015 para luchar contra la contaminación por plásticos en el Mediterráneo.
También se implica en la convivencia entre los humanos y la fauna salvaje. En España, con el lobo ibérico y el oso pardo.
Hemos perdido la costumbre de compartir el espacio con la fauna salvaje. En territorios donde las actividades humanas ocupan un lugar importante, el regreso o la presencia de especies como el lobo ibérico o el oso pardo puede suscitar inquietud, especialmente entre los ganaderos y la población rural. Estas preocupaciones deben ser escuchadas, porque corresponden a realidades concretas. Todo el desafío consiste en salir de una lógica de oposición entre el ser humano y la naturaleza. Las iniciativas que impulsamos, como la de Hombre-Fauna Salvaje, ambicionan favorecer el diálogo entre los actores de la conservación, agricultores, ganaderos, cazadores, científicos y poderes públicos, con el fin de construir soluciones adaptadas a cada territorio. Se trata de proponer vías para una convivencia pacífica. Porque, no lo olvidemos, la fauna salvaje no es un adversario, sino un componente esencial de los equilibrios naturales del territorio.
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El compromiso de la princesa Charlene en favor de la educación para la prevención de los ahogamientos, así como del deporte como vehículo de integración, parece complementar su labor. ¿Qué valores tienen en común?
Siento orgullo y admiración por mi esposa, la princesa Charlene, y por sus compromisos. Los valores que guían sus acciones son, ante todo, la responsabilidad, la transmisión y la solidaridad. El ahogamiento es la tercera causa de muerte accidental en el mundo, una realidad insoportable ante la cual la princesa Charlene se moviliza con sinceridad y determinación, a través de los programas de su fundación, como Learn to Swim y Water Safety. Me alegra que nuestras dos fundaciones se hayan acercado al firmar recientemente una colaboración en torno al deporte y al medio ambiente. Esta cooperación permitirá, así lo espero, sensibilizar ampliamente sobre la preservación del Mediterráneo y, de forma más general, del océano, apoyándose en el poder integrador del deporte. Nuestros hijos también comparten esta pasión por el mar, ya que fueron iniciados en el agua desde su más temprana edad.
El brazo español de FPAII
Hija del político y cineasta Pere Portabella –productor de 'Viridiana', entre otras– del que hoy se celebra el centenario de su nacimiento, la familia materna de Carol, los Settimo, figuran en los primeros registros que existen en Mónaco desde el siglo XVI. “Mi familia siempre ha participado activamente en los distintos aspectos de la vida del Principado y concretamente en la gobernanza del país”, cuenta la presidenta de la FPAII en España. Enraizada al pequeño país materno, Portabella vive con cierta frustración la imagen frívola y elitista que se desprende el principado. “Más allá de los estereotipos asociados al super lujo y a los eventos festivos, Mónaco ofrece entre otras cosas seguridad jurídica, estabilidad institucional, una gestión pública eficiente, una economía diversificada y la calidad de vida como elementos de atractividad”. “En términos económicos, y contrariamente a la imagen que a veces se proyecta, hace mucho tiempo que Mónaco dejó de ser un paraíso fiscal –asegura–. Este proceso empezó ya desde los últimos años del reinado del príncipe Rainiero III, que entendió la necesidad de adaptarse a los criterios europeos e internacionales, y más tarde su hijo el príncipe Alberto II cogió el relevo con mucha firmeza apostando por una economía moderna, y altamente regulada. Mónaco va a seguir participando activamente en los mecanismos internacionales de transparencia, en el intercambio de información financiera y en la cooperación internacional para la lucha contra el blanqueo de capitales, al tiempo que continuará adaptándose a los nuevos marcos regulatorios.” En cuanto al trabajo de la Fundación en España, Portabella reivindica la cultura como herramienta. “Cada año exponemos nuestro Premio Internacional de Fotografía Medioambiental en el parque del Retiro de Madrid, lo que nos ayuda a comunicar y a conectar con la sociedad. También financiamos proyectos sobre el terreno, ofrecemos becas para estudiantes de post grado, apoyamos proyectos de investigación científica, ayudamos jóvenes emprendedores, y construimos alianzas con empresas y con instituciones públicas”, explica.