
Terremoto en Venezuela
El venezolano Juan Erazo, del que no se sabe su paradero, ni el de su esposa y sus dos hijos, es el protagonista de una campaña de búsqueda lanzada en Doral (Florida) por aquellos que lo conocieron y que lo describen como un buen trabajador
A veces, una persona está en el lugar equivocado, en el momento más inoportuno. No es el caso de Jorge Erazo, uno de los muchísimos desaparecidos por el terremoto de Venezuela, quien habría estado en Florida, trabajando de jardinero o en la construcción y tramitando sus papeles de asilo, si no hubiera sido porque el gobierno de Donald Trump lo metió en el saco de la deportación pese a no ser un delincuente.
Como tantos otros, Erazo, de 35 años, su esposa y sus hijos están en esa lista de los que no aparecen tras el doble seísmo de la noche del miércoles. En el sur de Florida, en el área de Miami y en concreto en Doral, también conocido como Doralzuela por los miles de venezolanos de la diáspora que ahí encontraron acomodo, los amigos publicaron de inmediato carteles de búsqueda y fotografías de Erazo y su familia en internet, aferrándose a la esperanza de dar con información de su paradero y que reaparezcan sanos y salvos. El 40% de los residentes en Doral tiene raíces en Venezuela.
El gobierno de Trump lo metió en el saco de la deportación pese a no ser un delincuente
Su historia, avanzada por The New York Times , ilustra la denuncia contra esa política xenófoba y racista impuesta por Trump, quien reiteradamente repite que el ejecutivo del entonces presidente Nicolás Maduro abrió las cancelas de las prisiones y las puertas de los psiquiátricos para que inmigraran y llenaran Estados Unidos de indeseables, cosa que pone en peligro a los blancos de este país.
En muchas ocasiones se demostró que, bajo ese argumento de la delincuencia, la maquinaria sin alma de las deportaciones se alimentaba en su mayor parte de inmigrantes sin historial penal que solo trataban de encauzar sus existencias haciendo labores que casi siempre rechazan los estadounidenses.
Erazo es uno de esos. Ejercía de trabajador portuario cuando huyó de Venezuela tras tener problemas con delincuentes locales que lo extorsionaban, según contó al Times su amigo John Mendoza.
“Es un trabajador muy duro”, aseguró el amigo, que contrató a Erazo para trabajar en su negocio de remodelación de viviendas en Doral.
Después de salir de su país, Erazo residió durante un tiempo en Chile y luego atravesó el peligroso tramo de selva entre Colombia y Panamá en su camino hacia Estados Unidos. “Me dijo que lloraba en la selva”, confesó Mendoza.
Como otros miles, entró en la tierra prometida en el 2021. Se instaló brevemente en Nueva York y luego se mudó al sur de Florida en busca de un entorno que les recordara de dónde venía. Hacía de jardinero y de lo que saliera para enviar dinero a su esposa y sus hijos, en esa época inicial todavía en Perú.
El año pasado se mudó a Orlando porque el costo de vida era más barato que en el sur de Florida. Pero fue detenido por un agente de la policía local fuera de un Walmart y finalmente deportado a pesar de su solicitud de asilo pendiente y su permiso de trabajo, señaló Mendoza.
En lugar de frustrarse, lo vio como una oportunidad. Gracias a las remesas que había enviado se había comprado un piso en La Guaira, en el área metropolitana de Caracas. En ese hogar se reunión con su esposa y con sus hijos, de doce y seis años de edad.
Los amigos creen que el edificio de ese apartamento se hundió por el terremoto. Los familiares acudieron a ese lugar y vieron que el inmueble se había hundido.