Topuria se va de la Casa Blanca apalizado por Gaethje, desfigurado y sin título de la UFC

Topuria se va de la Casa Blanca apalizado por Gaethje, desfigurado y sin título de la UFC — Health | Versia.media

EE.UU.

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Ilia Topuria abandona la jaula, conocida como The Claw, tras recibir una dura paliza a manos de las manos, piernas y rodillas de Justin Gaethje

Jonathan Ernst / Reuters

Francesc Peirón

Nueva York. Corresponsal

Al presidente que aspira al premio Nobel de la Paz le atrae la sangre. Donald Trump festejó la noche de este domingo sus 80 años con una velada de combates de UFC, en el ring octagonal instalado en el jardín sur de la Casa Blanca. Siguió de cerca, junto a la primera dama Melania Trump, esa demostración de brutalidad. Incluso de ensañamiento. Cuando un luchador queda tendido en el suelo, el otro tiene derecho a golpearlo sin piedad.

Esos tipos semidesnudos hacen algo similar en un bar y son arrestados. Aquí lo llaman artes marciales mixtas. Para quien no conozca esta disciplina, el denostado boxeo es un deporte de caballeros frente a este espectáculo brutal, en una jornada, también relacionada con el 250 aniversario de Estados Unidos (el próximo 4 de julio), que tuvo los vestuarios en la residencia presidencial y contó con un cartel de siete combates. La pelea principal era la que enfrentó al hispano georgiano, Ilia Topuria, el invicto, contra el estadounidense Justin Gaethje.

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Topuria, de 29 años y gran favorito, puso en juego su título mundial de peso ligero ante Gaethje, de 37 años y con sus mejores días ya pasados. El aspirante le propinó una paliza monumental. El rincón de Topuria lanzó la toalla al finalizar el cuarto asalto (de cinco), después de que el luchador se negara a hacer caso al médico cuando terminó el tercer asalto. Se mantuvo en pie, pero maltrecho, otro castigo demoledor para deleite de los espectadores.

La retirada ocurrió cuando tenía el rostro completamente desfigurado, los ojos casi cerrados por los golpes; parecía aturdido y se dirigió a su rincón tambaleándose. Un final triste para el único campeón invicto de la UFC. Perdió su título de los pesos ligeros y algo más.

La escenografía antes del inicio resultó entre impactante y ridícula. Los dos rivales salieron, por separado, del Despacho Oval, el centro del poder mundial, y recorrieron el pasillo hasta salir al exterior y dirigirse a la jaula. A Topuria le pusieron su himno, La canción del Mariachi.

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La victoria del estadounidense electrizó a los 4.300 espectadores, entre ellos el presidente, parte de su familia y las figuras más relevantes de su gabinete, que no dejaron de gritar U-S-A al ver que Topuria estaba destrozado, tras recibir una serie de puñetazos en la cara, codazos en la cabeza, patadas o rodillazos en su cuerpo, donde todo está permitido. La lona estaba cubierta de manchas de sangre, señal de la violencia de esta práctica indescriptible. Resulta difícil de ver esto. El ruido de los golpes se escuchaba claramente en la transmisión.

El apodado El matador se presentó como doble campeón de la UFC (en peso ligero y pluma), pero destacaba sobre todo por tener un récord de 17-0 en su carrera y ser el que más tiempo llevaba sin perder. Los comentaristas señalaron que su derrota era “el mayor batacazo” que habían presenciado. Trump y Melania felicitaron al nuevo campeón y entraron en la jaula para hablar con Gaethje y su equipo.

El hispano-georgiano no fue rival. Tuvo su oportunidad en el segundo asalto, pero el estadounidense resistió. Tras pasar por su rincón, recuperó el aliento y, poco después de volver a la pelea, conectó un fuerte golpe en la cara de Topuria, que quedó casi inconsciente con varias heridas. Ahí comenzó un calvario de casi diez minutos, en dos asaltos, mientras el público pedía más y más sangre.

El alicantino de adopción fue uno de los elegidos para esta fiesta en honor a Trump. En realidad, era el principal protagonista de la noche y de una experiencia, al margen de la derrota, que nadie habría podido imaginar no hace tanto tiempo, señal de la evolución de este país. Los luchadores salían de la Casa Blanca, que sirvió de vestuario para ese ring de 60 millones de dólares llamado The Claw (la zarpa), un arco metálico en forma de nave espacial con potente iluminación y sonido.

“El gigantesco estadio de la UFC que se eleva sobre la Casa Blanca hace que parezca un poco como si la residencia del presidente hubiera sido colocada dentro de una bola de nieve. O quizá como si un depredador alienígena con una boca de acero hubiera descendido sobre el centro de Washington para llevarse por teletransporte al poder ejecutivo”, ironizó Philip Kennicott en The Washington Post.

“Para quienes están enfadados por esta incursión del entretenimiento comercial en terrenos del Servicio de Parques Nacionales, y por la incorporación de un espectáculo al estilo Las Vegas en las celebraciones del 250 aniversario de la nación, la locura de un combate de la UFC en la Casa Blanca resulta evidente por sí misma. Solo hace falta ver las imágenes del antes y el después de la antigua y solemne serenidad aislada de la residencia, frente a la mezcla actual del caos de obras y el brillo tipo Times Square en los terrenos de la Casa Blanca”, remarcó Kennicott.

Así que para los luchadores en general y Topuria en concreto no resultó tan extraño, superada esa sorpresa inicial, pelear en este ambiente en el que se perdió el sentido institucional de la presidencia.

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Este proyecto multimillonario, un autorregalo muy caro que se ha hecho el presidente, se interpreta como el último intento de Trump de utilizar el deporte y el entretenimiento para proyectar fuerza en el escenario nacional, y sirve como muestra de sus estrechos vínculos con la UFC y su base de aficionados. Solo al 16% de los estadounidenses, según una encuesta de Reuters/Ipsos, le pareció apropiado que la Casa Blanca celebre combates de lucha.

El combate entre Topuria y Gaethje culminó la jornada muy pasada la una de la madrugada de este lunes. Al margen de hitos de la derrota del campeón, lo más definitorio de la sesión fue el comentario de Josh Hokit, quien ganó su combate y exhibió sin tapujos el tono de masculinidad tóxica y racista que rodeó este espectáculo.

“Hay que reconocerle a Trump que tuvo los huevos de organizar esto”, dijo. “Michelle Obama es un hombre. ¿No es así, América?”, proclamó. Luego, al dirigirse a los vestuarios, esto es, al interior de la Casa Blanca, le colgó su cadena a Trump, que le agasajó por su victoria y su dedicatoria.

Francesc Peirón

Corresponsal de 'La Vanguardia' en Nueva York

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