Patriotismo deconstruido

Patriotismo deconstruido — Health | Versia.media

Sergi Pàmies

en escuadra

Al científico inglés Edward Jenner (1749-1823), creador de la vacuna contra la viruela, se le atribuye la afirmación: "España es el único país del mundo donde dos más dos no suman cuatro". Jenner lideró la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que se trasladó a España para implementar sus hallazgos sobre vacunación. Si hoy viajara en el tiempo y se encontrara con la epidemia de mundialitis que estamos viviendo, Jenner probablemente ajustaría su análisis considerando la complejidad de un país sumido en un estado continuo de agitación. Una agitación que consolida una identidad propensa a oscilar entre la euforia y el drama con una facilidad alarmante.

La combinación de orígenes del equipo español desafía la noción autoritaria de la "prioridad nacional"

La selección que se enfrentará hoy a Cabo Verde presenta rasgos inusuales: una diversidad federal que, en lugar de someterse al empuje centrípeto del Madrid, apuesta por un talento centrífugo. Es una diversidad que, guiada por un riojano, confía en catalanes, vascos, valencianos, extremeños, navarros, canarios, andaluces, gallegos y dos madrileños del Atlético de Madrid y del Manchester City. Los antecedentes futbolísticos de la selección son magníficos, tanto por su estilo de juego como por la dinámica del grupo. Un grupo que hasta ahora ha logrado resguardarse de los excesos de atención que en el pasado convirtieron al equipo en un foco de inestabilidad y que ahora recupera el espíritu esperanzador de la era de Vicente del Bosque.

La suma de orígenes contradice la ambición autoritaria de la "prioridad nacional" concebida como un filtro de purificación patriótica. Un filtro imposible de aplicar en un país que durante décadas ha estado importando y exportando millones de ciudadanos. En Cataluña, la relación con la selección española tiene su propia particularidad. Hay millones de catalanes que no la consideran suya, millones que la siguen con simpatía y, cada vez más, miles de catalanes de diversos orígenes que, con la pasión nostálgica del exilio, defienden la bandera de sus padres.

Coordinar tantos sentimientos requiere una flexibilidad que hasta ahora no ha generado grandes conflictos. La presencia masiva de jugadores del Barça en el equipo contribuye a evitar posibles cortocircuitos patrióticos. De hecho, la naturalidad de esta convivencia entre seguidores de la selección española y defensores de una selección catalana propia permite refugios mediáticos en los que se pueden ver los partidos con una narración enfáticamente española –a veces, al borde de la españolada– y retransmisiones que, o bien mantienen una asepsia impensable cuando hablan de otros deportistas (motociclistas, tenistas), o bien convierten la narración en una ocasión para, mediante el humor, reivindicar el derecho a una selección propia. También hay ejemplos de paradoja identitaria, como que periodistas catalanes se dirijan a catalanes seleccionados en castellano cuando podrían hacerlo perfectamente en catalán.

La normalidad con la que hemos aceptado esta singularidad seguramente sorprendería a quienes, como Jenner, pensaban, basándose en hechos reales, que España es el único país donde dos más dos no suman cuatro. Ah, casi lo olvido: tanto en la España hiperpatriótica como en la más emocionalmente federal, abundan los aficionados que, si se gana, se suman al histerismo eufórico y, si se pierde, se unen al linchamiento inquisitorial y cainita.

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