
Carmen del Riego
Con perspectiva
La visita papal a España, experimentada con mayor entusiasmo social que religioso, representó un respiro para el PSOE y el Ejecutivo en el tormentoso proceso judicial que los tiene abatidos. Pero apenas se marchó León XIV y nos dejó sin referentes, que es lo que los españoles parecen anhelar, la realidad ha vuelto tan cruda como antes de su arribo, y ni el Mundial de fútbol recién iniciado en México, donde España disputará su primer encuentro el lunes, será suficiente para que se deje de hablar otra semana de los casos judiciales que envuelven al PSOE, por los cuales el presidente del Gobierno y secretario general de los socialistas aún no ha ofrecido explicaciones.
Cuando lo haga, el 24 de junio, en el Congreso, habrá transcurrido un mes desde que se supo que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero estaba siendo investigado por delitos de suma gravedad. Además, Pedro Sánchez lo hará en una comparecencia donde expondrá el contenido de la cumbre europea de los días 18 y 19, como si la situación política y judicial del Gobierno y el PSOE no fuera lo bastante seria como para haber realizado un debate monográfico con anterioridad. El presidente volverá a responder preguntas de los periodistas, pero lo hará nuevamente fuera de España.
Apenas se marchó León XIV, la realidad ha regresado tan cruda como antes
Sin embargo, y aunque sea bajo el formato de las ruedas de prensa posteriores a las reuniones de las cumbres europeas, Pedro Sánchez deberá dar explicaciones sobre lo que habrá ocurrido durante toda la semana, todo de índole judicial y todo relacionado con el PSOE. Hoy mismo, antes de que España juegue su partido contra Cabo Verde, Begoña Gómez, su esposa, habrá comparecido ante el juez Peinado en una vista preliminar antes de ser juzgada por un jurado popular por tráfico de influencias, apropiación indebida, malversación de caudales públicos y corrupción entre particulares. Una causa sobre la que existen muchas dudas y en la que el jurado popular es la mejor manera de que no resulte creíble, pero que pone en aprietos al presidente.
El PSOE y el Gobierno deberán enfrentar esta semana momentos más difíciles. Zapatero comparecerá ante el juez. Las actuaciones que le atribuye el sumario son muy graves al recaer sobre quien se había convertido en referente moral del socialismo de Sánchez y talismán en sus campañas electorales. Envolverse en el lawfare o guerra jurídica para acabar con el Gobierno no es creíble. Ha tenido que llegar el peritaje de las joyas halladas en su despacho, que desmentía las explicaciones indirectas de Zapatero sobre su valor, 50.000 euros, cuando en realidad es de 1.300.000, lo que hace difícil creer que provinieran de una herencia, por la que, además, no se habría pagado el impuesto de sucesiones. Su declaración ante el juez es crucial.
Además, Pedro Sánchez deberá afrontar la sentencia que determinará el comportamiento de uno de sus ministros, cuando lo era, José Luis Ábalos, y si cobró comisiones por la compra de mascarillas durante la pandemia. Junto a Koldo García, su exasesor, además de otros delitos conexos. Pedro Sánchez no puede esconderse tras el argumento de que ya no es ministro ni militante del PSOE, porque es hacerse trampas al solitario. José Luis Ábalos fue el número tres del PSOE, con él de uno. Su mano derecha en el partido, en la campaña de primarias que le devolvió a la dirección socialista, y formó parte de su gobierno.
Con este panorama, la sentencia del hermano de Pedro Sánchez, que muchos ciudadanos siguen sin entender, o las declaraciones de la fiscal general del Estado y de la directora de la Guardia Civil en el Senado se quedan en nada.
Mientras eso ocurre, sería de agradecer que el argumento no sea el de la portavoz socialista, Montse Mínguez, este fin de semana: "Se está poniendo un calendario judicial con muchas prisas para que el Gobierno caiga antes del verano".
Los españoles merecen algo más.
Carmen del Riego
Licenciada en Ciencias de la Información, rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, y licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración por la UOC. Formó parte de la redacción de 'La Vanguardia' entre 1992 y 2024, siempre en la sección de Política, donde se encargó del Parlamento y del PP, además de las informaciones de los Ministerios de Defensa y de Exteriores. Antes de incorporarse a 'La Vanguardia' trabajó durante siete años en la Agencia Europa Press, así como en 'Diario16' y el periódico 'El Sol', al que perteneció hasta su desaparición en 1992. Cuenta con varios premios de Periodismo como el Luis Carandell (2014), que otorga el Senado; el Josefina Carabias que concede el Congreso (2022) y el Premio del Ministerio de Defensa de Periodismo Escrito (2016) por su reportaje, publicado en 'La Vanguardia' "La salvación se llama Canarias".